Bauhaus: Sin feminismo, no hay arte

Por Vicente Manuel SOLER @sentosoler

En el limbo de la sociedad alemana, este drama histórico plantea, bajo la idiosincrasia de la Bauhaus, cómo la mujer luchó por ganar un mayor reconocimiento en el mundo del arte frente al arcaísmo patriarcal que relegaba a sus compañeras a posiciones más domésticas.

 

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FICHA TÉCNICA

  • Título original: Lotte am Bauhaus
  • Año: 2019
  • Duración: 105 minutos
  • País: Alemania
  • Dirección: Gregor Schnitzler
  • Guion: Jan Braren
  • Fotografía Christian Stangassinger
  • Reparto: : Alicia von Rittberg, Noah Saavedra, Jörg Hartmann, Nina Gummich
  • Productora: UFA Fiction
  • Género: Drama, histórico

 

SINOPSIS

Inspirada en la figura de la diseñadora Alma Siedhoff-Buscher, el personaje de Lotte Brendel articula este relato a través de sus vivencias. Su devenir en la Bauhaus de Weimar y Dessau pone el acento en las cuestiones políticas y estructurales que agitaron esta escuela artística, como la lucha feminista que buscaba la inclusión de las mujeres en el aprendizaje artístico o el auge del Nacionalsocialismo que acabó por clausurar la institución en 1931. El personaje principal, guiado por su deseo de emancipación, encaja perfectamente con las ideas de Walter Gropius, fundador de la Bauhaus. Son nuevos tiempos para el arte, que quiere liberarse de los grilletes del conservadurismo y reivindicar un espíritu vanguardista, y para la determinación de la mujer, que busca romper con los dictámenes masculinos que la encorsetan.

Alma Siedhoff-Buscher, la verdadera protagonista

Lotte Brendel, el personaje ficticio que protagoniza esta película, encarna el espíritu artístico de la diseñadora alemana Alma Siedhoff-Buscher. Siedhoff, tras su paso por la Escuela Reimann y la Universidad de Berlín, ingresó en 1922 en la Bauhaus en Weimar para trabajar en el taller de tejido, una opción de la que se destila el sexismo que impedía a las mujeres acceder a otros gremios artísticos considerados “de hombres”.

En el caso de la película, Lotte Brendel accede a su enseñanza en la Bauhaus desde una educación en pintura mucho más laxa, consecuencia de las trabas familiares que desaprobaban la dedicación de la protagonista al arte. Gracias a este suceso, se evidencia esa negativa de sectores mucho más conservadores frente al arte de vanguardia que estaba floreciendo en la Alemania de los años 20, así como una expectativa social generalizada que encasillaba a las mujeres en los planes familiares y que impedía que pudiesen tomar un camino independiente y autodeterminativo.

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Lotte Brendel trabajando en el famoso juego de piezas de madera. Fotograma de Bauhaus.

Tras la incorporación de Alma Siedhoff-Buscher en el taller de escultura de madera en 1923, despertó en ella la principal vocación de su trayectoria: diseñar juguetes, títeres y mobiliario destinado a niños. Este trabajo culminó con la creación de dos juegos de piezas de madera que ayudaban a desarrollar la creatividad de los niños y que tuvieron mucho reconocimiento en el mercado. En Bauhaus podemos observar cómo el personaje de Lotte Brendel recoge esta investigación de las formas geométricas en juegos infantiles, combinada con aspiraciones mayores como el diseño arquitectónico, revelándose así la ambición de la protagonista por ser reconocida en otros ámbitos artísticos que tradicionalmente estaban ocupados por hombres.

La Bauhaus alemana, su evolución a través del fotograma

  • Bauhaus de Weimar
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Mobiliario infantil diseñado por Alma Siedhoff-Buscher

Como resultado de la fusión entre la Escuela Superior de Bellas Artes y la Escuela Gran Ducal de Artes y Oficios, nace en 1919 la escuela Bauhaus en Weimar. Su creador, Walter Gropius, pone en marcha un proyecto donde todas las artes tengan un tratamiento global. Se trata de una corriente de arquitectura, arte y diseño cuyo objetivo es reformar las artes para lograr una transformación de la sociedad hacia un modelo de vida más racional y minimalista, y cuyos postulados deben transmitirse por medio de una enseñanza reglada, para que la institución brindase a sus alumnos un título homologado que les permitiese ejercer y el oficio de artista fuese tomado en consideración.

En este plan académico se aunaban todas las disciplinas académicas en una nueva arquitectura, un proyecto artístico integral donde el ideal de creación estaba guiado por el paradigma de la obra colectiva. Arte y artesanía confluían, reivindicando el taller como base de la enseñanza artística.

El currículum de la Bauhaus ofrecía una formación en alfarería, ebanistería, pintura, escultura, vidrio, tejido, teatro, metal, encuadernación e impresión entre otros, y eran puestos en común para vertebrar proyectos artísticos globales. Este es el caso de la Haus am Horn, construida en 1923 para exponer el trabajo de la Bauhaus y así justificar ante el gobierno sus resultados, ya que la escuela se sustentaba principalmente a base de subvenciones públicas. La arquitectura y el interiorismo de este proyecto fue íntegramente diseñado por estudiantes de la Bauhaus, ensamblando en una única macro-obra todas las modalidades artísticas que estudiaban.

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Haus am Horn (1923)

Es en la exposición en la Haus am Horn donde el largometraje nos muestra parte de esa invisibilización que sufre la mujer artista, no siéndole reconocida su capacidad para elaborar unos resultados atractivos para el público. Lotte Brendel, al ser pareja de su compañero de escuela Paul Seligmann y al asociarse con él, de alguna forma, en el desarrollo proyecto de la Haus am Horn, es despojada de su autoría cuando unos clientes se interesan por la habitación infantil diseñada por ella y le atribuyen el mérito de su trabajo únicamente a Seligmann.

La Bauhaus, en su ejercicio de predicación de unos valores integristas donde la mujer tuviese una participación y un reconocimiento mucho más pleno, también supo jugar con su apariencia, dado que este espíritu vanguardista escondía su letra pequeña: al ver que las solicitudes de plaza de mujeres igualaban casi en número a las de hombres, se volvieron mucho más selectivos, limitando el acceso de éstas. Según explica Isabel Campi, presidenta de la Fundación Historia del Diseño, “tenían miedo de dar una imagen de escuela femenina de artes aplicadas porque ellos querían destacar como una escuela superior de arquitectura.”

En el caso de ser imposible obviar las destrezas de las solicitantes y privarlas de su plaza en el centro, supieron “quitarlas de en medio” relegándolas a los talleres de textil o cerámica, argumentando que las mujeres no estaban evolutivamente diseñadas para la visión tridimensional y eliminando la competencia en los talleres de metal o carpintería, tradicionalmente considerados para hombres. Ejemplo de ello es cuando a Lotte Brendel, tras acabar su curso de preselección para conseguir una plaza definitiva en la escuela, le es negado el acceso al taller de ebanisteria, a pesar de haber demostrado unas dotes excelentes a lo largo de su proceso de prueba.

  • Bauhaus de Dessau

Tras la consolidación de la Bauhaus en Weimar, los alumnos empiezan a vender los artículos de diseño que producen. Esto provocó el enfado de los artesanos locales, ya que entraron en situación de competencia. Tras presentar una queja al gobierno, las subvenciones a la escuela se cortan, por lo tanto, esta no puede sustentarse por sus propios  medios. Es entonces cuando es presentado un proyecto para trasladar la escuela a Dessau, con la creación de una nueva sede con un estilo totalmente vanguardista, símbolo de la revolución arquitectónica del movimiento moderno. En consonancia a este proyecto, se construyeron diversas casas maestras, donde los profesores convivían con los alumnos. Presentaban una estética funcional, con un mobiliario diseñado íntegramente por ellos mismos, bajo esa idea de proyecto artístico global.

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Sede de la Bauhaus en Dessau

Bajo la dirección de Mies Van Der Rohe en 1930, la escuela abandonaría la enseñanza en talleres para convertirse en una escuela de arquitectura tradicional, despojándola de su espíritu innovador. Fue finalmente en 1931 cuando el ascenso del partido nacionalsocialista cesó la financiación que recibía la escuela, por considerar que sus dogmas eran antialemanes y comunistas, por lo que, tras varios intentos fallidos de hacer que ésta perdurase en otras localizaciones, desapareció.

CONCLUSIÓN

Uno no puede hacer alarde de sus convicciones si no va a llevarlas por bandera hasta las últimas consecuencias. En la película Bauhaus se hace patente que los líderes vanguardistas, por mucho que promulgasen un arte fundamentado en valores sociales progresistas, no supieron en muchas ocasiones abandonar sus viejas galas patriarcales. La Bauhaus fue más bien un proyecto de enseñanza utópico que, si bien en un principio no pretendía hacer distinciones por sexo entre sus alumnos, acabó por sacar a lucir el intrínseco desacuerdo con la idea de que el mundo, confeccionado para el beneficio del hombre, fuese partido en dos por un colectivo que simplemente buscaba su voz y sus derechos en la sociedad.


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