Hacia la libertad: La mujer en la Era Vikinga

Por Estrella GARCÍA @Estrell57598432

La mujer siempre ha tenido un papel secundario en toda sociedad, un puesto por debajo del hombre. Debido a las creencias impuestas con la llegada del cristianismo y otras religiones se ha desarrollado una sociedad patriarcal, es decir, donde el hombre tiene la supremacía. Sin embargo, existió una sociedad en la que la mujer gozó de libertades y derechos, la vikinga.

Si nos remontamos al periodo entre el año 800 y 1066, nos encontramos a una sociedad cuyo origen es Escandinavia: la sociedad vikinga. Este colectivo se basaba en clanes familiares organizados en granjas, su hábitat principal. Las actividades que desempeñaban eran la pesca, la agricultura y la artesanía. Los vikingos eran grandes comerciantes y se dedicaron a realizar incursiones en busca de riqueza a otras tierras, llegando así a países como Inglaterra, Irlanda, Islandia, Groenlandia… hasta alcanzar la zona continental de Europa y Norteamérica.

La Era Vikinga no fue una sociedad completamente machista ni un escenario ideal para la figura femenina: se encuentran aspectos que favorecen la libertad de la mujer y otros que lo ponen en duda. El papel de la mujer en esta época continúa siendo objeto de estudio.

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Ilustración de los vikingos durante sus incursiones

Las tareas domésticas y el cuidado de las granjas donde se incluía la recolección y la actividad ganadera iban dirigidas a la mujer, mientras que el hombre se dedicaba a la pesca y a la vida política y económica, en torno a la cual se reunían los jefes de cada comunidad para debatir sobre diversas cuestiones. No obstante, debido a los restos de balanzas encontrados en las tumbas de las mujeres, se ha podido demostrar que ejercían un papel destacado en la economía de la época.

Para la sociedad, la mujer ejercía un rol fundamental, pues podía permitirse la pérdida de un hombre durante las incursiones vikingas pero, si una mujer fallecía, colapsaba, ya que eran las proveedoras de alimentos y quienes fabricaban los ropajes y las telas de las velas de los barcos. Además de todo ello, también se encargaban de cuidar a los niños.

Destaca su aportación dentro de la rama de la poesía, aunque solo hayan trascendido los nombres de cuatro poetas reconocidas: Gunnhildr, Hildr Hrólfsdóttir, Jórunn y Steinunn. Según algunos investigadores, las mujeres habrían sido las creadoras de la poesía escandinava gracias a la tradición oral que conservaban viva. Sin embargo, en la literatura, los manifiestos que han quedado han sido los de los hombres. Esto lleva a plantearse que la historia no solo está escrita por los vencedores, sino por los hombres.

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Fotografía de Evald Hansen que demuestra, a través de los restos fósiles encontrados y las pruebas de ADN, la existencia de mujeres guerreras en la Era Vikinga

En lo que respecta al matrimonio, autoras como Jill M. Fortney han apoyado que la mujer podía participar en el proceso de elección del marido, pero otros autores han relatado que se trataba de imposiciones en las que entraban en juego motivos como el poder. Uno de los ejemplos aparece en la historia mitológica de Sigrid, una reina vikinga que se casó tres veces y lo hizo por intereses de poder, siempre bajo la imposición de su padre y sus pretendientes. Sin embargo, las mujeres gozaban de derecho a la propiedad, al divorcio y a la herencia. Por tanto, aunque en muchos casos la unión en matrimonio fuera por otro tipo de intereses, en teoría las mujeres tenían derecho a elegir a sus maridos libremente.

Las mujeres vikingas se dividían en tres grupos: las mujeres libres, las esclavas y las de alta clase social. Las mujeres libres tenían una protección legal básica, siendo siempre amparadas por sus familiares. Sin embargo, las mujeres esclavas carecían de esta protección y derechos, sirviendo de objeto sexual a los hombres. Un ejemplo de ello lo encontramos en una tradición vikinga rusa que recoge el Journal of Arabic and Islamic Studies. Según esta publicación, la tradición consistía en que los jefes al morir eran enterrados junto a uno de sus esclavos, pudiendo ser un hombre o una mujer. Para poder decidir quién acompañaría al jefe, se cuestionaba a los esclavos quién se presentaba voluntario, a lo que siempre “se ofrecía” una mujer.

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Dibujo de Freydís luchando contra los nativos de la zona de Canadá

La mujer en la Era Vikinga gozó de grandes libertades comparándola con periodos que venían a posteriori. Las mujeres libres, a pesar de tener que realizar tareas concretas dentro de la granja, tenían la posibilidad de elegir en la mayoría de los casos a sus maridos, de cuidar libremente y en valores a sus hijos y, en determinadas ocasiones, podían intercambiar las labores asociadas a los hombres. Por ejemplo, en la historia no solo hubo hombres guerreros, sino que también existieron mujeres guerreras que participaron en las incursiones y que mostraron su valentía y fuerza en la misma medida que la de los hombres.

Como se ha presentado a lo largo de la historia, la posición social de la mujer ha sido determinante para su trato. La diferencia entre una mujer esclava y un hombre esclavo en la Era Vikinga era que ella podía ser agredida sexualmente mientras que él no. A pesar de esto, la mujer libre gozó de una mayor libertad que durante el cristianismo, periodo que llegó a posteriori y en el que se impuso el ideal de mujer pura, pía y casta, favoreciendo la separación de sexos y eliminando el matrimonio libre por el llevado a cabo ante Dios. Poco a poco la mujer fue perdiendo sus derechos hasta llegar a la sociedad actual en la que todavía sigue luchando por su recuperación y por la igualdad.

La mujer no ha tenido grandes privilegios a lo largo de la historia. Desde el momento en que nace se le asignan ciertas responsabilidades y tareas distintas a las de los hombres y también se les relaciona con la fragilidad, la reproducción y los cuidados de los hijos. En la Era Vikinga, aunque las labores estuvieran repartidas, las mujeres podían hacer los quehaceres asociados a los hombres y viceversa. Sin embargo, en aquella época el trato a las mujeres no era el más correcto, no existía una utopía, y a día de hoy tampoco se ha conseguido.

Actualmente, con el auge de las religiones, sigue existiendo una desigualdad de género y, en lugar de avanzar, se ha retrocedido. La equidad entre hombres y mujeres es uno de los temas que más preocupa a muchas sociedades. En algunos países, sigue siendo un gran desafío al que enfrentarse. Parece que la historia, a pesar de concienciar sobre los errores del pasado, no ha conseguido dejar huella al respeto y favorecer la tolerancia hacia la mujer como un individuo más dentro de una sociedad de “iguales”.


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