El periodismo también tuvo nombre de mujer

Por Érika ZURBANO @erikazurbano

Muchas son las mujeres que a lo largo de la historia han roto con los estereotipos impuestos y han trazado nuevos caminos para que sus sucesoras avanzaran en pro de la igualdad de oportunidades. 

El periodismo, como tantos otros oficios, tuvo también nombres femeninos en sus inicios; nombres que tímidamente consiguieron hacerse un hueco en un mundo profesional considerado de hombres y cambiaron la historia. En el Día del Periodista, desde Artenea queremos rendir un pequeño tributo a las primeras mujeres que tomaron las riendas de la información y lucharon por ejercer la profesión en nuestro país, a pesar de que los libros se hayan olvidado de ellas.

Ellas trazaron el camino

Las primeras iniciativas femeninas vinculadas al periodismo se remontan al siglo XVII. Francisca de Aculodi fundó en 1683 la revista quincenal Noticias principales y verdaderas en San Sebastián. Se trataba de una traducción al castellano de una gaceta belga a la que la donostiarra añadía también información local. 

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Ejemplar de La pensadora gaditana de Cienfuegos

Un siglo más tarde, entre 1763 y 1764, Beatriz Cienfuegos (1701-1786) publicó La pensadora gaditana, un semanal en el que criticaba las costumbres de la época. Cabe señalar que la autoría de Cienfuegos no está del todo clara, ya que algunos expertos aseguran que podía tratarse de un hombre, concretamente de un clérigo, por el tono moralizante que empleaba en las piezas.

Concepción Arenal (1820-1893) fue otra de las mujeres que marcó un antes y un después en la incursión de la mujer en el ámbito académico y laboral en España. Arenal se disfrazó de hombre para poder asistir a la universidad a mediados del siglo XIX. Más adelante, firmó algunos artículos para publicaciones de la época como La Iberia y en 1870 fundó un periódico de denuncia: La Voz de la Caridad. Concepción Arenal fue también la primera mujer en escribir sobre asuntos bélicos al recoger la experiencia vivida durante la tercera Guerra Carlista en su libro Cuadros de guerra (1880).

 

Ellas dieron los primeros pasos

El siglo XX fue sin duda el siglo en el que las mujeres llegaron y se asentaron en la esfera pública. Fue un siglo de inestabilidad en todos los sentidos (político, económico, social, cultural…) y estuvo marcado por un hacer y deshacer constantes. Sin embargo, supuso la llave a la libertad y la emancipación de las mujeres. 

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Emilia Pardo Bazán (1851-1921)

A finales del siglo XIX y principios del siglo XX aparecería la figura de Emilia Pardo Bazán (1851-1921), quien labró su carrera profesional desde muy joven en varios medios de Madrid y Barcelona; destaca su labor en El Imparcial, donde colaboró durante más de 30 años. Pardo Bazán es considerada la primera mujer corresponsal en el extranjero, puesto que muchos de sus artículos los enviaba desde ciudades como Roma, París y Venecia. Fue una mujer adelantada a su tiempo, no solo por sus actos sino también por sus ideas, como se puede apreciar en el tono crítico e irónico de las piezas que realizaba: “Leo en un diario que una mujer ha sido detenida por el grave delito de fumar ‘desvergonzadamente’ donde estaban fumando también, por lo visto con muchísima vergüenza y dignidad, varios hombres” (La Ilustración Artística, 21 de agosto de 1911).

De Burgos
Carmen de Burgos (1867-1932)

Otro de los nombres más conocidos en la prensa de aquella época fue el de Colombine, alias tras el que se ocultaba la identidad de Carmen de Burgos (1867-1932). Se convirtió en la primera mujer en llevar el título de redactora en España al ser contratada en 1901 por el Diario Universal. Escribía una columna diaria en la sección “Lecturas para mujeres”, donde trataba de instruir a las lectoras femeninas del periódico. Carmen de Burgos fue, además, la primera corresponsal de guerra de la historia de España; cubrió conflictos bélicos como la Guerra de Marruecos en 1909 y trabajó para diversos medios a lo largo de su carrera. También escribió varios libros entre los que destacan Cartas sin destinatario (1912) y Peregrinaciones (1916), sobre sus viajes por Europa. Era una mujer con mucho mundo y ofreció diversas conferencias en favor del sufragio femenino, la emancipación femenina y el divorcio. 

Magda Donato
Carmen Eva Nelken (1898-1966), conocida como Magda Donato

Más tarde apareció en escena su tocaya Carmen Eva Nelken (1898-1966), quien también tuvo que adoptar un pseudónimo para poder publicar sus trabajos, Magda Donato. Hermana de la política y escritora Margarita Nelken, Carmen ejerció como periodista desde 1917 en diversos periódicos (El Imparcial, La Tribuna, Informaciones…). Para realizar el que se convertiría en uno de sus trabajos más conocidos, Donato se infiltró en un hospital geriátrico y denunció las condiciones en las que vivían los pacientes. Consideraba el periodismo un medio para conocer la realidad y solucionar los problemas existentes. Fue muy prolífica durante el periodo republicano hasta el estallido de la Guerra Civil. 

En los años veinte la figura que destacó fue la de Josefina Carabias (1908-1980), considerada la primera mujer en ejercer el periodismo tal y como lo conocemos hoy en día. Abogada, escritora y periodista, Carabias escribió durante años crónicas políticas para diarios como Ahora y La Voz. Más adelante, trabajó como corresponsal en Washington para el periódico Informaciones y en París para Diario Ya, desde 1959 hasta el final de su carrera. Carabias hizo de este oficio su vida y compañeras del gremio como Pilar Narvión llegaron a referirse a ella como “la Oriana Fallaci española”.

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Josefina Carabias (1908-1980)

Ellas lucharon por no retroceder

La Guerra Civil (1936-1939) fue el mayor punto de inflexión en la historia española del siglo XX. El bando nacional no quería una prensa que fuera crítica con el régimen y en 1937 creó la Delegación Nacional de Prensa y Propaganda, el inicio de la Prensa del Movimiento. 

La dictadura franquista que se impuso al finalizar el conflicto estuvo marcada por una fuerte censura, sobre todo durante las primeras décadas. Se promulgaron leyes como la Ley de Prensa de 1938, que prohibía la publicación de todo aquello que el Caudillo no quería que supiera la ciudadanía.

En cuanto a las mujeres, todos los avances conseguidos durante la Segunda República se esfumaron y el nivel cultural y educativo de éstas retrocedió a pasos agigantados. El régimen quería recluir a la mujer en el hogar y relegar su puesto al de madre, esposa y ama de casa. Para formar a las mujeres en esos quehaceres, la Falange creó una revista femenina, dirigida por Marichu de la Mora, que difundía una lista de las profesiones que podían ejercer las mujeres que no tenían la “suerte” de vivir del sueldo de sus maridos: modista, secretaria, maestra, telefonista… 

Pilar Narvión
Pilar Narvión, maestra de la crónica política, con Adolfo Suárez

Era complicado acceder a otro tipo de estudios, pero hubo mujeres que consiguieron entrar en la Escuela de Periodismo, fundada en 1941, para lo que era requisito indispensable ser militante de la Falange. El problema estaba en que muchas de estas alumnas nunca llegaron a ejercer el oficio porque, al casarse, lo habitual era que el marido llevara el dinero a casa y ellas se encargaran de las labores familiares. No obstante, algunas como Pilar Narvión o Mary G. Santa Eulalia sí que accedieron a las redacciones de los periódicos de la época y se labraron un nombre dentro de la profesión. 

En el caso de Narvión (1922-2013), llegó a ser subdirectora de Pueblo. En 1956 fue nombrada corresponsal en Italia y, durante la transición, se dedicó sobre todo a la crónica política en España.

En 1966 se produjo una apertura con la Ley de Prensa e Imprenta, conocida como Ley Fraga, que suprimió la censura previa y dio paso a una cierta libertad. La incorporación de mujeres a las redacciones continuó, aunque la paridad en el número de trabajadores no llegaría hasta los años noventa. El desequilibrio podía medirse también en función del soporte: mientras que en las revistas había más periodistas mujeres, en prensa, radio y televisión seguían escaseando. 

Ellas dieron el último empujón

A partir de los setenta, con los últimos coletazos de la dictadura, las cosas comenzaron a cambiar. En 1971 se creó la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid. Se necesitaban profesionales capaces de renovar el oficio y adaptarlo a los nuevos tiempos y necesidades del país. Las redacciones se modernizaron y el estilo periodístico dio un giro de 180 grados, lo que se refleja en el nacimiento de diarios como El País. Este periódico abrió sus puertas a mujeres periodistas; Soledad Álvarez-Coto fue una de ellas, que entró como subjefa y terminó convirtiéndose en jefa de la sección de Nacional. 

Álvarez Coto
Soledad Álvarez Coto tomando notas en el debate de la noche electoral de 1977

Durante la transición la política eclipsó los contenidos informativos. En esta área destacan nombres como el de Nativel Preciado, Julia Navarro, Pilar Urbano o María Antonia Iglesias, entre otras.

Ya en las décadas de los 80 y los 90, las universidades se llenaron de mujeres. Surgió una nueva generación de periodistas que, a diferencia de sus predecesoras, encontraron rápidamente hueco en un mercado laboral que era cada vez más amplio gracias al auge de los medios audiovisuales. 

Aún queda camino por recorrer

Como hemos podido ver, la incursión de la mujer en el periodismo no fue precisamente un camino de rosas. De aquellas que lucharon hace siglos por conseguir que a día de hoy las mujeres ocupen puestos en las redacciones no queda apenas constancia. De las primeras, que tuvieron que disfrazarse de hombres para ir a la universidad o adoptar pseudónimos para poder publicar sus trabajos, a las actuales, se han conseguido muchos logros, pero aún quedan cuentas pendientes.

Los puestos de responsabilidad en los medios de comunicación siguen estando en manos de hombres en la gran mayoría de casos. Según datos de 2018, de 221 diarios generalistas que existen en nuestro país, sólo 18 están dirigidos por mujeres; y si miramos a la radio y la televisión, el mapa que se dibuja es muy parecido. Además, durante la crisis económica, las grandes damnificadas fueron las mujeres. Muchas tuvieron que pasarse al periodismo de pieza para poder conciliar la vida laboral y la personal y, a día de hoy, la situación sigue sin regularizarse del todo.

Aún quedan cosas por hacer para dignificar esta y otras muchas profesiones, pero por el momento se deben celebrar las batallas ganadas y seguir luchando por conquistar la igualdad en todos los campos.


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