Anguissola y Fontana: Ellas también pintan

Por Érika ZURBANO @erikazurbano

El Museo del Prado, en la recta final de su bicentenario, acoge la exposición “Historia de dos pintoras: Sofonisba Anguissola y Lavinia Fontana”, un recorrido a través de la vida y la obra de estas dos artistas del Renacimiento italiano que lucharon por hacerse un hueco en un mundo considerado de hombres hasta que aparecieron ellas.

Desde el pasado 22 de octubre y hasta el 2 de febrero de 2020, el Museo Nacional del Prado alberga una de las exhibiciones más esperadas de la temporada, Historia de dos pintoras: Sofonisba Anguissola y Lavinia Fontana. La muestra, dedicada a la figura y a la contribución artística de estas dos retratistas renacentistas, pretende visibilizar la presencia de las mujeres a las que la historiografía del arte ha quitado el lugar que incluso sus coetáneos les reconocieron. 

La muestra, comisariada por la jefa del Departamento de Pintura Española hasta 1500, Leticia Ruiz, se compone de un total de 65 obras -56 de ellas pictóricas- repartidas en seis secciones. En ellas no solo se exhibe la calidad artística de las italianas, sino que a su vez se traza la vida y la carrera de ambas. Afamadas artistas en su época, Anguissola y Fontana fueron dos pioneras que abrieron el camino a sus sucesoras a través de estas piezas.

8
Minerva (1605) de Lavinia Fontana

La Minerva (1605) de Fontana, escoltada por los autorretratos de las dos pintoras, es la encargada de dar la bienvenida al visitante. Su elección como carta de presentación de la muestra responde a dos motivos: el primero se debe a los valores que representa esta diosa de la sabiduría, las artes y la guerra; el segundo, a que avanza lo que se uno se va a encontrar al entrar en la sala que, lejos de los muchos prejuicios existentes con respecto a la producción de mujeres artistas, no reúne bodegones y campos de flores. 

La exposición comienza con una primera sección dedicada a la creación del mito de Sofonisba Anguissola, la mayor de las dos artistas y la primera en sentar precedentes. En este espacio se agrupan los minuciosos retratos de la artista de Cremona que, además de reflejar fielmente la realidad, crean una narrativa en torno a los personajes y muestran también una parte más psicológica de los mismos, como se puede apreciar en la obra Retrato de familia (1558). La calidad de estas telas explica que muchas de ellas fueran atribuidas en el pasado a grandes nombres como el de Tiziano o Veronés.

bb3339ff-9827-425f-a7c8-279d5a4670ab
Felipe II (hacia 1573) de Sofonisba Anguissola

Otra sección en la que se puede apreciar la maestría de Anguissola para el retrato es en la que cuelgan las obras que realizó durante su estancia en España, al servicio de la corte de Felipe II. Durante siglos, la autoría de muchos de esos trabajos se adjudicó al pintor oficial del rey, Alonso Sánchez Coello; ejemplo de ello son cuadros como La reina Ana de Austria (hacia 1573) y Felipe II (hacia 1573), más serios que los anteriores.

Avanzando en la exposición, comienzan a entrelazarse las obras de Anguissola y Fontana, primero los retratos de auctoritas (gente con prestigio social) de Cremona y Bolinia, y después las pinturas religiosas. En esta temática destaca la producción de Lavinia tanto en número como en diversidad, ya que la hija del también pintor Prospero Fontana realizó tanto obras pequeñas como otras de grandes dimensiones en todo tipo de soportes.

Fontana también sobresalió por su capacidad como retratista, género por el que fue requerida por aristócratas de la época que querían dejar constancia de la opulencia y el lujo del que vivían rodeados. Pero, además de retratar a terceros, tanto Sofonisba como Lavinia realizaron sendos autorretratos en los que reafirmaban su postura como damas del Renacimiento, representándose a sí mismas pintando o tocando la espineta y en compañía de sus sirvientas –Autorretrato con caballete (1557) de Sofonisba Anguissola y Autorretrato tocando la espineta (1587) de Lavinia Fontana-.

Ya hacia el final, la sección dedicada a las obras mitológicas de Fontana acapara todas las miradas. La pintora de Bolonia fue la primera mujer en tratar este género, ya que hasta entonces estaba reservado exclusivamente a los hombres por la presencia de desnudos. En la muestra se pueden admirar piezas como Venus y Marte (1595), en la que la artista consigue plasmar un erotismo sutil y refinado a la vez que crea un entorno de complicidad entre los personajes y el espectador. 

Lavinia Fontana. Marte y Venus, 1600-1610. Fundación Casa de Alba
Venus y Marte (h.1610) de Lavinia Fontana

La exposición cierra recalcando la notoriedad que alcanzaron las dos autoras en vida. Como ya ocurrió con la exposición de Clara Peeters, la otra monográfica que el Prado ha dedicó a una pintora, la exhibición termina con una obra firmada por un hombre -hecho que levanta más de una ampolla-, en este caso, con el retrato que Antoon van Dyck realizó a una anciana Sofonisba en 1624, poco antes de su muerte.

 

El Prado da un paso adelante

Historia de dos pintoras es la segunda exposición que dedica el Museo del Prado a pintoras exclusivamente. Además, de las 1.150 obras que cuelgan las paredes de la pinacoteca de forma permanente solo nueve están firmadas por mujeres, por cuatro en concreto: la propia Sofonisba Anguissola, Clara Peeters, Artemisia Gentileschi y Rosa Bonheur. A esta lista cabría sumarle el nombre de Cristina Iglesias, autora de la escultura situada en el acceso al edificio de la ampliación de Moneo de 2007. 

Con esta exposición, que se podrá visitar hasta el próximo dos de febrero, el museo muestra su interés por recuperar el nombre de artistas que han sido invisibilizadas durante siglos. El director del Prado, Miguel Falomir, se pronunció así al respecto en la presentación de la muestra de las pintoras italianas: “Entonamos el mea culpa. Apostamos por naturalizar la presencia de las mujeres artistas en el Prado e iniciamos nuestro propósito de enmienda”. En la misma línea, Falomir anunció que en 2020 la institución acogerá “una gran exposición dedicada a mujeres artistas, pero también a la visión de la mujer en las pinturas ejecutadas por hombres”.

S y L Prado
Sala expositiva de Historia de dos pintoras (2019). Imagen: Hoy es Arte

La gestación de Historia de dos pintoras ha requerido de un trabajo de dos años debido a la dispersión de las obras -los cuadros proceden de más de una veintena de colecciones europeas y americanas-. Por otro lado, la disposición de la exposición deja en evidencia que la comisaria ha intentado equilibrar la producción de las dos pintoras -los 150 trabajos que se atribuyen a Fontana triplican el número de los de Anguissola-, y establecer nexos de unión entre las obras para crear un relato. 

Muchos visitantes, al salir de la exposición, se preguntan el porqué de unir a estas dos retratistas de tan distintos estilos en una misma muestra. Durante mucho tiempo ha existido la tendencia de incluir a las artistas en un mismo cajón de afinidades por el hecho de ser mujeres, cuando quizá su único nexo de unión eran los obstáculos que habían tenido que superar. Parece que a día de hoy las mujeres deben seguir compartiendo protagonismo porque siguen necesitando de muletas de otros nombres, ya sean de hombres o no, para darse a conocer.

 

Sofonisba y Lavinia, dos pioneras en un mundo de hombres

Anguissola y Fontana han pasado a los libros de texto como dos de las artistas más importantes del Renacimiento italiano, no solo por su gran producción pictórica, sino por abrir el camino y dar visibilidad a las artistas que vendrían después. Pero Sofonisba y Lavinia fueron dos mujeres que, condicionadas por su entorno, se formaron y destacaron en un oficio de hombres que les permitió hacerse un nombre en la sociedad y romper con los estereotipos de su  época. Esta es su historia.

Sofonisba, la llama que encendió la mecha

Autorretrato Sofonisba
Autorretrato con caballete (1557) de Sofonisba Anguissola

Sofonisba Anguissola nació en torno a 1535 en una familia de la baja nobleza de Cremona. Fue la mayor de siete hermanos que por empeño de su padre, Amilcare Anguissola, recibieron la educación humanista que se promovía en aquel entonces: música, danza, literatura, dibujo y pintura. Sofonisba destacó a una edad muy temprana en estas dos últimas disciplinas y, de la mano de los pintores Bernardino Campi y Bernardino Gatti, se fue especializando en el género que se convertiría en su seña de identidad, el retrato. Practicó con los miembros de su familia y con su propio rostro antes de convertirse en retratista de personalidades ilustres de mediados del siglo XVI. 

Su innegable talento, unido a su fuerte personalidad y a la campaña promocional que realizó su padre (todo hay que decirlo), le valieron el título de dama afamada y respetable que le abrió las puertas a la corte de Felipe II. En 1559, Sofonisba viajó a España para ejercer como profesora de dibujo y pintura de Isabel de Valois, la tercera mujer del monarca, a quien inculcó su gusto por la minuciosidad y los detalles. En los años que pasó en Madrid Anguissola retrató a casi todos los miembros de la familia real, pero no fue recompensada ni firmó ninguno de aquellos trabajos, motivo por el cual muchos de ellos fueron después erróneamente atribuidos a Alonso Sánchez Coello, el retratista oficial del rey en aquella época. 

En 1570 Sofonisba regresó a Italia para contraer matrimonio con Fabrizio Moncada, un noble siciliano de ascendencia aragonesa que fue elegido por Felipe II, como mandaba la tradición que debía hacer el rey con las damas de su consorte. Tras la temprana muerte de Moncada en 1578, Sofonisba decidió volver a Cremona, donde conoció a su segundo marido, Orazio Lomellini, un noble genovés considerablemente más joven que ella. En 1581 se mudaron a Génova y Anguissola se pudo dedicar el resto de su vida a pintar y a enseñar a jóvenes artistas que acudían a su estudio. 

Sofonisba murió en 1625 en Palermo, ciudad en la pasó sus últimos años gozando de la posición privilegiada que tenía gracias al prestigio que había cosechado y al contacto que mantenía con la corte española. Unos años más tarde, en la celebración del centenario de su nacimiento, el viudo de la artista colocó una inscripción en su tumba en la que se podía leer: “A Sofonisba, mi mujer, quien es recordada entre las mujeres ilustres del mundo. Orazio Lomellini, apenado por la pérdida de su gran amor, dedica este pequeño tributo a tan gran mujer”. 

Lavinia, el detonante final

Lavinia Fontana. Autorretrato tocando la espineta, 1557. Accademia Nazionale di San Luca, Roma
Autorretrato tocando la espineta (1587) de Lavinia Fontana

Lavinia Fontana nació en 1552 en Bolonia, a 120 kilómetros de la Cremona natal de Sofonisba. Hija del célebre pintor Prospero Fontana, creció rodeada de los elementos que la acabarían acompañando el resto de su vida, lienzos y pinceles. Empujada en cierta medida por su padre, Lavinia entró en la escuela donde este impartía clases de arte y sus dotes de retratista no tardaron en hacerse notar. En ese taller fue también donde conoció al que después sería su marido, Gian Paolo Zappi.

Los once embarazos que tuvo -aunque solo sobrevivieron tres de los hijos- no le impidieron a la artista continuar realizando los encargos que le hacían, desde pequeñas piezas a obras de grandes dimensiones y altares. En vista del talento de Lavinia, su marido dejó de lado su carrera de pintor para cuidar de la casa y de los hijos, aunque se cree que también ayudaba a la artista pintando los fondos de los cuadros. 

Nada en la vida de Fontana seguía las directrices marcadas por la época. Fue una mujer atrevida que siguió la estela de Sofonisba, un referente que por aquellos años ya se había ganado un hueco en el mundo del arte; pero, a diferencia de esta, Lavinia siempre firmó y cobró por sus trabajos. 

La artista de Bolonia pudo presumir de ser pionera en muchos aspectos: fue la primera pintora reconocida como profesional, la primera en ponerse al frente de un taller propio y la primera en tratar temas que hasta entonces tenían prohibidos las mujeres. Este último punto supuso un antes y un después para las artistas, que poco a poco pudieron ir introduciendo en sus obras géneros como el mitológico, vetado hasta entonces para ellas por la amplia presencia de desnudos.

El reconocimiento de Fontana se extendió a ciudades como Florencia y Roma, a donde se mudaría en 1603 junto a su familia tras la muerte de su padre. Al fallecer Prospero Fontana, Zappi pasó a ser el tutor de su esposa, por lo que necesitaba de su permiso para firmar contratos. 

Lavinia pasó la última etapa de su vida al servicio de los papas Clemente VIII y Paulo V, como pintora oficial de la corte. Su prolífica actividad le permitió conseguir un dinero que más adelante invirtió en comprar antigüedades. Fontana falleció en 1614, a pocos días de cumplir 62 años, dejando tras de sí una obra y sobre todo una figura que sería recordada por romper con todos los límites establecidos.

Juntas, un nuevo camino para todas

Anguissola y Fontana no fueron las primeras mujeres en pintar, pero sí las primeras en ser respetadas y valoradas por ello. Nunca llegaron a conocerse, pero desde la distancia replantearon los cimientos de la Historia del Arte y trazaron los peldaños por los que han ido ascendiendo las artistas que las sucedieron.

 

DATOS ÚTILES

  • Lugar: Museo Nacional del Prado
  • Localización: Calle de Ruiz de Alarcón 23, 28014 Madrid
  • Web: www.museodelprado.es
  • Fecha: Del 22 de octubre de 2019 al 2 de febrero de 2020
  • Transporte:
    • Autobús: Líneas EMT 9, 10, 14, 19, 27, 34, 37 y 45
    • Tren: Estación de Atocha RENFE y Recoletos
    • Metro: Estación de Banco de España (Línea 2) y Atocha (Línea 1)
  • Horario:
    • De lunes a sábado de 10:00 a 20:00 horas
    • Domingos y festivos de 10:00 a 19:00 horas
  • Precio: 
    • Entrada general al museo: 15 euros (gratis durante las dos últimas horas de apertura para la colección permanente)
    • Entrada reducida (familia numerosa, carnet Joven y personas mayores de 65 años): 7,50 euros
    • Exposiciones temporales: 50% de reducción en el precio durante las dos últimas horas de apertura

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s