Balthus, un artista a contracorriente

Realizado por Andrea RAMOS @AndreaRamos04

El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza acoge la primera exposición monográfica dedicada a Balthasar Klossowski de Rola, más conocido como Balthus, que regresa a España después de 23 años sin pisar la capital. La muestra, organizada conjuntamente con la Fondation Beyeler de Basilea, y la familia del pintor, reúne 47 obras, en su mayoría de gran formato, que recorren las distintas etapas de su carrera artística comenzando en la década de los veinte.

 

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Lienzo The Street, 1933, Balthus

 

Desde el 19 de febrero hasta el 26 de mayo de 2019, podrá visitarse esta exposición bajo el nombre de “Balthus”, que hace una retrospectiva de uno de los grandes maestros del arte del siglo XX.

La muestra, la cual incluye numerosas obras célebres del artista, ha contado con la participación de museos internacionales como The Museum of Modern Art (MoMA), el Metropolitan Museum de Nueva York, el Centre Pompidou de París, al igual que el Hirshhorn Museum and Sculpture Garden de Washington. Asimismo, han sido diversas las instituciones y colecciones privadas que han cedido piezas del artista para la realización de semejante exposición, comisariada por Raphaël Bouvier, Michiko Kono y Juan Ángel López-Manzanares.

 

Toda una vida comprometida con el arte

02. Balthus. Plaza del Odéon. 1928
Plaza del Odeón (1928)

Balthus nace en París en 1908, en el seno de una familia de artistas. Con un talento innato, no tardó en manifestar sus dotes en la pintura, pues con tan solo doce años se publica Mitsou (1921), un libro de ilustraciones hechas por él mismo.  Desde sus inicios, Balthus mostró gran interés por distintos artistas a los que tomará como referencia e influenciarán en su obra. Así, en un primer momento, manifiesta su gusto por maestros antiguos como Poussin, pero tras pasar varios meses en la Toscana, estas preferencias se tornarán hacia el Renacimiento con artistas como Piero della Francesca. A finales de 1931, el pintor se traslada a Suiza, donde copia las obras del pintor del siglo XVIII Joseph Reinhardt, lo cual influirá en el desarrollo de su estilo moderno. Dentro de estasobras que reflejan esta reminiscencia de los artistas clásicos se sitúa Plaza del Odeón (1928). A pesar del periodo convulso en el que se desarrolló gran parte de su vida, con dos Guerras Mundiales de por medio, la vida de Balthus giró siempre en torno al arte, siendo un artista reconocido que viajó por distintos lugares, exploró múltiples formas de pintar y trabajó hasta sus últimos días en Rossinière, donde falleció en 2001 a los 92 años.

 

Inmersión al universo Balthus

Museo Thyssen- Bornemisza
La partida de naipes (1948-50)

La exposición consta de un total de ocho bloques ordenados de manera cronológica, los siete primeros dedicados a las distintas etapas del artista con sus respectivas obras. En el último, se muestran los resultados del reciente estudio técnico llevado a cabo por el Área de Restauración del propio Museo Thyssen sobre la obra La partida de naipes (1948-1950), única obra maestra del pintor que se conserva en España, el cual ha permitido conocer los notables y múltiples cambios que Balthus realizó sobre la obra durante el proceso de creación. En este recorrido se aprecian las distintas influencias tanto artísticas como personales que el artista vivió y cómo ello afectó a su manera de pintar en cada etapa. Desde sus primeras obras con un estilo claramente postimpresionista y temáticas recurrentes como el Jardín de Luxemburgo, donde se puede ver otro motivo por el que Balthus se interesó en sus inicios: las vistas urbanas.

La siguiente sección pone de manifiesto el punto de inflexión en la carrera del pintor hacia una maduración artística, cuando expone por primera vez en solitario en la Galerie Pierre, en 1934. Allí, serán vistas obras como La Calle (1933) o El aseo de Cathy (1933), que no dejarán indiferente a nadie y a su vez, le catapultarán a lo más alto del panorama artístico parisino.

Según nos adentramos en la exposición, podemos apreciar una etapa más representativa, que tras un periodo de inestabilidad emocional e intento fallido de suicidio, cogerá impulso y diseñará decorados para obras teatrales, cosa que sin duda, será un recurso de gran influencia en obras futuras, al mismo tiempo que ganará fama como retratista con obras como Los hermanos Blanchard (1937) o Thérèse soñando (1938).

1.-The_Golden_Days_Balthus-1
Los buenos tiempos (1946)

Avanzando en el tiempo según las diversas secciones que posee la muestra, vemos como los viajes que realiza y los lugares en los que se hospeda, ya sea en la época de Champrovent de la primera mitad de los años cuarenta, su regreso a París en la segunda mitad de los años cuarenta o el periodo que pasa en el château de Chassy en los años cincuenta, le dan la oportunidad de explorar diversas temáticas como el paisaje y una temática que será muy recurrente en su obra: las escenas de interior con adolescentes. Habrá etapas mucho más intimistas y silenciosas, otras con numerosas escenas de aseo en compañía de una anciana como contraste a esa juventud y otras más empastadas y con una paleta de colores en tonos pastel. De estas distintas etapas destacan obras como: Los buenos tiempos (1944-1946), La partida de naipes (1948-1950) o La toalla azul (1958). Finalmente, la última sección dedicada a Balthus está compuesta por sus obras tardías, caracterizadas por consolidar su técnica mural. Ejemplo de ello son obras como La habitación turca (1965-1966) o Las tres hermanas (1955).

 

Un artista polémico

La carrera artística de Balthus ha girado toda su vida en torno a la polémica. Ya desde su primera exposición en solitario en la Galerie Pierre en 1934, se ganó esa fama de “provocador” al mostrar pinturas cargadas de erotismo con el fin de escandalizar a la burguesía y llamar la atención de la opinión pública parisina.

Por todos es sabido que la provocación rompe con lo moralmente establecido o con los convencionalismos sociales, da que hablar. Sin ir más lejos, numerosos artistas y movimientos artísticos, como diversas vanguardias, tenían como principal objetivo esa búsqueda de la provocación y tal vez eso es lo que Balthus persiguió durante toda su carrera artística: ser un personaje controvertido y ambiguo, al igual que sus obras. Quizás no hasta el punto de ser calificado como “el Freud de la pintura” o “artista pornográfico”, pero lo que sí está claro es que se trata de un autor peculiar que no pasó desapercibido.

La polémica a lo largo de su carrera fue aumentando a medida que aumentaban sus obras en las que aparecían adolescentes posando o bien desnudas o con un erotismo consciente. Incluso a día de hoy, el artista ha seguido siendo duramente criticado por obras como Thérèse soñando (1938) anteriormente expuesta en el MoMA, que levantó una protesta en la que se recogieron más de diez mil firmas para que se retirase la obra por “incitar a la pederastia”. Si piensas que el arte nunca debería ser censurado, esta es tu exposición.

Therese soñando
Thérèse soñando (1938)

Pero lejos de toda esta controversia, ¿Qué es lo que verdaderamente hace especial a este artista? Sin duda, lo que más destaca es su estilo y mirada singulares, convirtiendo sus pinturas en obras maestras. Un artista prácticamente imposible de clasificar. En sus cuadros, podemos apreciar ese afán que tuvo desde sus inicios por el “tiempo suspendido”, que se traduce en la inmovilidad de los personajes, como si se hubieran quedado congelados en el tiempo, algo que además se puede asociar con la lucha constante del artista contra el paso del tiempo. Tal vez por eso nunca quiso salir de la infancia, ese primer periodo de la vida en el que vivimos sin preocupaciones y todo parece dar igual, incluso el tiempo. Balthus, que fue un pintor de pintores, siempre se mantuvo al margen de las vanguardias de la época, llevando a cabo un estilo independiente y con múltiples influencias, desde artistas ya mencionados, a otros como Masaccio, Caravaggio o Coubert. También tuvo una gran influencia de los cuentos infantiles del siglo XIX, entre los que destacan Pedro Melenas, Alicia en el País de las Maravillas o la propia influencia del Teatro de la Crueldad de Antonin Artaud, con el que el propio artista identificaba su manera de entender el arte como método de revelación y forma de sacudir la conciencia del espectador.

16. Balthus. Muchacha ante el espejo. 1948
Muchacha ante el espejo, 1948

Partiendo de esa base, nos encontramos ante el principal problema para apreciar las obras de Balthus, como es la cantidad de prejuicios que tenemos. Las muchachas no sienten vergüenza en mostrarse tal y como aparecen en las obras mientras se encuentran ensimismadas, dormidas, mirándose al espejo o distraídas. Es Balthus quien nos sitúa en ese preciso instante, sin saber qué estaba sucediendo antes de ese momento. Ver obras así nos puede incomodar e incluso es un tema tabú, nos perturba porque nos sentimos voyeurs involuntarios, aunque sea de algo tan natural como es el cuerpo humano. Pero ahí se encuentra la clave, debemos verlo como un proceso por el que todos hemos pasado: el paso de la infancia a la adolescencia, la metamorfosis del cuerpo, en este caso del femenino, de niña a mujer y lo que conlleva.

Como él mismo indicaba en sus memorias: “Lo que siempre deseé pintar es el secreto del alma y la tensión oscura y a la vez luminosa de un capullo sin abrir aún del todo”. Por ello, es necesario tener la mente abierta y ver más allá, pues el arte y en este caso, su arte y sus obras nos cuentan más cosas de las que nos muestran y nos plantean preocupaciones que a todos nos atañen: los cambios, exploración de uno mismo, la construcción de la identidad y el paso del tiempo.

Si hablamos de su actitud frente a la pintura, Balthus era apasionado y meticuloso con lo que hacía. Para él ponerse a pintar era un ritual en el que necesitaba aislamiento, un largo proceso de tiempo y mimo, ya que incluso elaboraba sus propios pigmentos. Así lo indican declaraciones de su mujer Setsuko Ideta: “Cuando se ponía delante de la obra, se aislaba. No se le podía molestar.” Pero no solo eso, también se encargó de crear a lo largo de su carrera un estilo único al que él llamaba “realismo atemporal”, al igual que creó su propio lenguaje simbólico lleno de elementos asociados indiscutiblemente a su persona, como es la figura del gato, su álter ego, presente en muchas de sus obras.

IMG_20190307_124310Balthus, repudiado y adorado a partes iguales, dejó claro desde que llegó a este mundo que se trataba de un artista fuera de serie, pues nació un 29 de Febrero de 1908, fecha bastante singular y que sin duda alguna, sirve y servirá para describir a esta figura en todas sus facetas. Así, esta exposición hace justicia al artista y no se achanta ante aquellos “refinados” que se empeñan en desvalorizar y censurar su arte. A todos ellos les dejo el siguiente mensaje: la impureza está en la mirada de quien observa.

 

DATOS DE INTERÉS

-Lugar: Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, Sala de exposiciones temporales (planta baja)
-Dirección: Paseo del Prado, 8, 28014 Madrid
-Web: https://www.museothyssen.org/exposiciones/balthus
-Fechas: Del 19 de febrero al 26 de mayo de 2019
-Trasporte:

  • Metro – Estación Banco de España (L2)
  • Cercanías – Estación de Atocha/ Estación de Recoletos

-Precios:

  • General 13€
  • Reducida 9€

-Horarios:

  • Martes a domingo: de 10:00 a 19:00
  • Sábado: de 10:00 a 21:00
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