Historia de una revolución: de la ilusión al desengaño

Por Javier GARRIDO @javigarrido9

La Sala Fundación MAPFRE Recoletos acoge desde el 9 de febrero hasta el 5 de mayo la exposición “De Chagall a Malévich: el arte en revolución”. Se exhiben más de 90 obras y 23 publicaciones de los artistas rusos en un contexto marcado por el cambio de siglo y la consecución de la Revolución Rusa de 1917.

Partiendo en 1905 y finalizando en la década de 1930, la exposición muestra la amalgama de artistas procedentes del Imperio Ruso que compartían una idea: la conquista de la libertad. Esta libertad era ya un hecho en países como Francia y Alemania, referentes tanto en la esfera artística como social. Es en estos países donde acuden los creadores rusos en busca de la inspiración y las ideas más modernas. A su vuelta, se convierten en precursores de movimientos vanguardistas que irán de la mano con la revolución bolchevique. El nuevo sistema comunista, sin embargo, no supondrá esa puerta hacia la libertad que pretendían y, para muchos de ellos, no será más que un nuevo sistema que les oprimirá en todos los ámbitos.

El comisario de la exposición es Jean-Louis Prat, quien ha asegurado, en referencia a esa posible afinidad entre las vanguardias rusas y la posterior revolución, que “fueron los artistas los que se erigieron en revolucionarios antes de la Revolución, seguros de que esta se convertiría en lo que ellos esperaban, por consiguiente, en lo que la propia Revolución esperaba de ellos. Este malentendido dio origen a un cierto desencanto que debe tenerse en cuenta como factor en la consecución de un lenguaje abstracto, casi definitivo”.

El paseo. Chagall..jpg
El paseo, 1917. Marc Chagall

Con la llegada del nuevo siglo, multitud de autores comienzan a crear nuevas formas artísticas gracias, en la mayoría de los casos, a las influencias del expresionismo alemán y el cubismo. Los temas preferidos eran los tradicionales; es decir, el espacio rural, el desnudo, la naturaleza o el retrato. De este modo, surge el Neoprimitivismo, como movimiento contrario a la burguesía y la academia. Esta tendencia se encargó de unir las corrientes occidentales y orientales, así como las temáticas populares con las nuevas formas de crear obras artísticas. En estos primeros años destacarán obras como El Paseo (1917-1918) de Chagall, donde se muestra un autorretrato del artista mientras sostiene en una mano una paloma y en la otra la mano de su mujer, impidiendo el vuelo inverosímil del que está siendo objeto. En esta producción se advierte una clara influencia fauvista y cubista, que otorgan una originalidad inusitada a la obra.

Mientras tanto, Malévich se centró en mostrar la vida del campesinado, con su primer ciclo. En estas obras se muestran las claras conexiones con el futurismo italiano, véase en los colores, la luz o las formas, además de una clara reminiscencia a la época simbolista del autor. Destacan obras como El segador (1911-1912) o Retrato perfeccionado de Iván Kliun (1913), donde se usa la figura de su amigo como nexo para introducir la temática futurista.

 

El cubofuturismo

cof
El velocipedista, 1913. Natalia Goncharova

Este gusto por el futurismo pronto sirvió para combinarse con el cubismo. Surge así el cubofuturismo, que pretende sintetizar el estilo cubista en la forma de presentar las obras, con las temáticas urbanas e industriales. Una obra paradigmática es el Velocipedista (1913), de Natalia Goncharova, donde se muestra esa captación el movimiento, propia del futurismo, además de multitud de carteles y tipografías que denotan esa conexión con el cubismo.

Otro movimiento convergente fue el rayonismo, que mezclaba el futurismo, el cubismo y el orfismo. Se inspiró en las ideas del filósofo Uspenski, apoyado en la teoría de los rayos entrecruzados que rompían formas y objetos. En estas obras, la temática pasaba a un segundo plano, siendo relevantes las cualidades de la pintura en sí mismas: la luz, el color, la textura y el tono.

 

Kandinsky
Dos jinetes y figura reposando, 1910 Vassily Kandinsky

El cubismo fue un escalón que utilizaron la mayoría de los artistas que posteriormente realizaron obras abstractas. Malévich apostó por una visión radical que derivó en el suprematismo. Algunas artistas como Popova o Udaltsova, se sirvieron de Mavélich como modelo para desprenderse de las referencias figurativas y centrarse en la pintura. Mención aparte merece Kandinski, quien no necesitó de pasos intermedios para alcanzar la abstracción. Así, se observa la gran importancia que supuso en su obra el expresionismo alemán. Creaciones de la talla Dos jinetes y figura reposando (1910) o Nublado (1917) son ejemplos de como dota en todo momento de mayor relevancia a la composición, la expresión como eje artístico y en última instancia, la intuición sobre la razón.

 

El suprematismo

Para los artistas que se adhieren a este nuevo movimiento, los fenómenos visuales carecen totalmente de sentido. Lo significativo es el sentimiento como tal, dejando de lado la relación con el entorno. Se pretende así generar nuevos iconos que sustituyan a los tradicionales, rompiendo con todo lo anterior. Modelo de esta corriente serán las creaciones de Malévich, en especial su Cuadrado negro sobre fondo blanco (1915), que funciona como referente visual y espiritual. Ausencia de color, reducción de elementos figurativos y negación de la perspectiva.

Cuadrado negro de Malévich
Cuadrado negro sobre fondo blanco, 1015. Kazimir Malévich

Coetáneo al suprematismo fue el constructivismo, el cual triunfó a partir de 1917 en detrimento del anterior. Se rechazó así la pintura de caballete y se apostó por el arte de producción, más acorde a la visión materialista de la época. Este movimiento actuará en todos los campos, desde el diseño industrial al teatro. Ródchenko será uno de los máximos impulsores, centrándose, a diferencia de Malévich, en la creación con figuras circulares u ovaladas.

En prácticamente todos los artistas rusos, el cubismo y el futurismo jugaron un papel fundamental. No fue menos en Matiushin, quien pretendía trascender la tridimensionalidad para llegar a una cuarta dimensión. De este modo, llegó a fundar un laboratorio de investigación llamado Zorved, y su teoría trataba de mostrar cómo toda nueva plasmación de la realidad tenia su origen en la manera de percibir de cada artista.

 

Realismo Socialista

Deportistas de Malévich
Deportistas, 1930-31. Malévich

A partir de 1925 el Partido Comunista se adhirió al Realismo Socialista, con el objetivo de mostrar de una manera sencilla y sesgada la realidad del país, ejerciendo incluso un papel propagandístico. Así, muchos artistas se vieron presionados y perseguidos por no adoptar los dogmas del régimen, mostrando su decepción con la deriva de este hacia un estado totalitario. Ejemplo de ese desencanto se puede intuir en algunas obras de Malévich, como Deportistas (1930-1931), donde se muestra a estos sujetos sin rostro y manteniendo la misma pose erguida, como si fueran personas carentes de sentimientos, sin alma.

 

Hay que destacar además la notable importancia que tuvieron las mujeres en al arte ruso. En la exposición se pone de relieve esta paridad, ya que como dice la directora de la Fundación, Nadia Arroyo, “las mujeres trabajan en igualdad de condiciones y con la misma presencia e importancia que los hombres”. Y es que, durante la visita, podemos advertir como hay una pared enteramente dedicada a cuadros realizados por mujeres, como Liubov Popova, Aleksandra Ekster o Natalia Goncharova.

En definitiva, se trata de una exposición altamente prolífica e ilustrativa de la multitud de tendencias que convergieron en una época muy convulsa. La Primera Guerra Mundial y más concretamente, las Revoluciones, de 1905 y, sobre todo, en 1917 sirvieron como telón de fondo para una sociedad en busca de nuevas identidades y que, desgraciadamente, y en la mayoría de los casos, no vieron correspondidas sus ilusiones con el cambio de un régimen totalitario a una nueva forma de estado, que en su deriva no distó en esencia de las ataduras pasadas.

 

DATOS ÚTILES

Lugar: La exposición se ubica en la Sala de exposiciones Recoletos, en el paseo de Recoletos, 23 (28004, Madrid).

Horario: Se puede visitar desde el 9 de febrero al 5 de mayo de 2019.

  • Lunes de 14:00 a 20:00
  • De martes a sábado de 10:00 a 20:00
  • Domingos y festivos de 11:00 a 19:00.

Precio: La entrada tiene un coste de 3 €, excepto los lunes, que es gratuita.

Transporte: Se puede acudir a través de Renfe (Recoletos) y Metro (Colón).

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s