Tamara De Lempicka: Una (co)lección de arte, glamour y feminismo

Por Érika ZURBANO @erikazurbano

La durmiente (1932), de Lempicka
La durmiente (1932), de Lempicka

 

El Palacio de Gaviria de Madrid acoge desde el 5 de octubre de 2018 hasta el próximo 24 de febrero de 2019, una exposición retrospectiva de la ‘reina del Art Decó’, Tamara de Lempicka (1898-1980). La muestra se compone de una colección de cuadros de la artista que, acompañados de diversos objetos de la época, trasladan al visitante a los Felices Años Veinte.

 

Si Zelda Fitzgerald fue la encargada de inmortalizar a las mujeres de los años 20 a través de sus novelas, Tamara de Lempicka hizo lo propio mediante sus cuadros. Casi un siglo después, sus pinturas siguen considerándose un fiel retrato de la figura femenina de los Años Locos.

El madrileño Palacio de Gaviria es el escenario de la exhibición monográfica y retrospectiva de la artista de origen polaco que le da nombre: Tamara de Lempicka. Reina del Art Déco. Compuesta por alrededor de 200 piezas procedentes de más de 40 colecciones privadas, museos y prestatarios, la exposición rinde homenaje a la máxima referente femenina del movimiento artístico de entreguerras que recibe el nombre de Art Decó.

La empresa italiana Arthemisia ha sido la encargada de organizar y producir la muestra temporal comisariada por la experta Gioia Mori. La comisaria de la exposición describe a la artista como “una mujer con una grandísima fuerza de voluntad, muy valiente” que trabajó duro para llegar a lo más alto de la sociedad y del mundo artístico. “Ella creía que no existía la suerte, existe lo que tú te construyes”, señala la experta.

 

ART DECÓ

La artista, nacida en Varsovia en 1898, planteó toda una revolución en el mundo de las artes plásticas de inicios del siglo XX. Se atrevía a afirmar que “entre cientos de pinturas, reconocerás las mías”; desarrolló un estilo propio que, con el tiempo, se convertiría en característico de la época y por el que recibió el sobrenombre de la ‘reina del Art Decó’.

“Vivir rodeada de los objetos creados por nuestros bisabuelos… ¿por qué? Creemos nosotros mismos. Yo trato de vivir y crear de modo que tanto mi vida como mis obras lleven la marca de los tiempos modernos”

Tamara de Lempicka

El Art Decó es un estilo clásico, simétrico, de líneas rectas y formas rotundas, cargado de motivos geométricos y lleno de colores brillantes, que vivió su época dorada en entre los años 1925 y 1935. El movimiento Decó bebió de corrientes artísticas anteriores como el cubismo o el futurismo, pero también de contemporáneos como la Escuela de Bauhaus. De Lempicka, sin embargo, fue más allá. Su pertenencia a una familia adinerada le permitió estudiar a figuras como Botticelli, Miguel Ángel, Bernini, Ingres, Goya o El Greco. En estos dos últimos profundizó en un viaje que realizó a España en 1932. Todo ello queda patente en la exposición.

 

VIDA Y OBRA DE LA ARTISTA

Si algo hace atractiva la figura de Tamara de Lempicka, es lo fascinante tanto de su obra como de su vida, hasta el punto de que no se puede comprender la una sin la otra.

Excéntrica, altiva, frívola y enigmática, así la describían los que la conocieron (o la sufrieron, a juzgar por estos adjetivos). Su arrolladora personalidad le abrió las puertas de los salones y las galerías europeas y estadounidenses, porque “fue un personaje, pero también una gran artista”, recalca Mori. Sus obras eran sofisticadas a la vez que desinhibidas, elegantes y sensuales. El lujo, el glamour y las ganas de vivir que caracterizaban la propia vida de la artista eran los temas principales de sus pinturas.

El contexto histórico y los ambientes que frecuentó marcaron decisivamente su personalidad y su creación. De Lempicka se rodeó siempre de burgueses y aristócratas, llegando incluso a ostentar títulos nobiliarios, no en vano la llamaban la “baronesa del pincel”.

La bufanda azul (1930), de Lempicka.png
La bufanda azul (1930), de Lempicka

Su actividad artística comenzó a partir de los años 20, cuando se mudó a París con su primer marido, Tadeusz de Lempicki, cuyo apellido tuvo que utilizar para que le dejaran publicar sus primeras obras. Llegaron a Francia huyendo de la revolución bolchevique y la necesidad económica fue el motor de la creatividad de Tamara de Lempicka. París, en aquel entonces, no solo era destino de rusos exiliados, sino también un hervidero de artistas vanguardistas. De Lempicka comenzó a tomar clases de pintura con André Lhote y a trabajar en revistas para mujeres como L’Illustration des Modes y Femina. La artista mostró siempre un gran interés por la moda y la estética, como puede apreciarse en los bocetos que se encuentran en la exposición o en la obra La bufanda azul (1930).

 

 

Alternaba en la noche de París, llegaba a su estudio de madrugada y pintaba durante horas. Entre sus amistades de aquella época se encontraba la bailarina estadounidense Isadora Duncan, que murió en 1927 a raíz de un trágico accidente de coche, y a la que de Lempicka dedicó la que se convirtió en una de sus obras más icónicas, Autorretrato en un Bugatti verde (1929).

La fama que fue adquiriendo a través de los retratos que realizaba para aristócratas al estilo Art Decó (Retrato del príncipe Eristoff, 1925, entre muchos otros), era contrarrestada por las críticas que recibía por parte de quienes consideraban su estilo cursi y sus obras lascivas. La artista estaba acostumbrada a ser juzgada, puesto que la clase de vida que llevaba distaba mucho de los convencionalismos de la época debido a sus múltiples líos amorosos con hombres y mujeres. Los amores femeninos de Tamara de Lempicka inspiraron muchas de sus pinturas a las que llamaba “visions amoureuses”, algunas de las cuales pueden verse en la exposición madrileña: Sa tristesse (1923), Bella Rafaëla (1927), Las muchachas jóvenes (1930)…

Los excesos y su libertinaje hicieron que se divorciara de su marido, con quien había tenido a su hija Maria de Krystyna (apodada Kizette), a la que retrató en cuadros como Kizette en el balcón (1927). Vivió una temporada en el número 7 de Rue Méchain, un apartamento decorado al estilo Art Decó que utilizó también como estudio y como un distintivo más de su imagen moderna. En la exposición hay varias fotografías de la casa, cuyo interior fue decorado por la propia hermana de la artista.

Estalló la Segunda Guerra Mundial y su ascendencia judía obligó a de Lempicka a mudarse a Estados Unidos con su hija y su segundo marido, el barón Raoul Kuffner. La artista no tardó en hacerse un hueco dentro de la burguesía estadounidense y expuso en varias galerías de todo el país. Tamara de Lempicka estuvo siempre rodeada de lujo y glamour, eran numerosos los rostros de Hollywood que acudían habitualmente a las grandes fiestas que organizaba. La reina del Art Decó se labró una imagen propia de las celebridades del momento y fue inmortalizada por fotógrafos como Madame d’Ora o Thérèse Bonney, al más puro estilo hollywoodiense. Algunas de esas instantáneas se encuentran colgadas en las paredes del Palacio de Gaviria.

Bella Rafaëla (1927), de Lempicka
Bella Rafaëla (1927), de Lempicka

Su defensa del hedonismo, la libertad sexual, las orgías, las drogas… hicieron de ella una mujer adelantada a su tiempo y, por esa misma razón, se sintió incomprendida en muchas ocasiones. Haber vivido en varios países le permitió desarrollar un espíritu cosmopolita que se veía reflejado en sus obras, sobre todo en los retratos de mujeres poderosas, independientes, conocedoras de su belleza y de un magnetismo del que la misma artista gozaba. Tamara era rompedora. Las revistas de la época hablaban de ella en términos de “símbolo de la modernidad y de la liberación femenina” y es por ello que se considera que de Lempicka hizo también grandes aportaciones en el ámbito del feminismo y del empoderamiento de la mujer.

 

Hacia 1960, la artista se pasó al abstraccionismo, pero ya no consiguió remontar su carrera. En 1962 murió su segundo marido y decidió mudarse a México, donde murió en 1980, a sus supuestos 81 años; supuestos porque la propia artista se encargó de que incluso su fecha y su lugar de nacimiento fueran un enigma. Su vida estaba llena de misterios que ella misma se encargaba de alimentar.

 

EXPOSICIÓN

La exposición de Tamara de Lempicka se divide en diez secciones, en las que los cuadros de la artista polaca se entremezclan con fotografías, muebles, vestidos y calzado de la época, todo dispuesto para una inmersión en los años veinte y treinta del siglo pasado.

Vestido de la época y de Lempicka trabajando en Madre e hijo (1931)
Vestido de la época y de Lempicka trabajando en Madre e hijo (1931)

La muestra hace un viaje a través de la vida y la obra de la artista polaca: desde sus primeras naturalezas muertas y sus temáticas florales (Maceta de hortensias y limones, 1922; Ramo de violetas, 1927; Frutero I, 1949), hasta obras dedicadas a Alfonso XIII (Retrato del rey Alfonso XIII, 1934), recientemente halladas. La principal producción de la artista se centró en los retratos y los desnudos, tanto de personalidades de la época, como de mujeres con una estética más moderna y masculina, a lo garçonne; obras como El doble “47” (1924), Dos desnudos en perspectiva (1925) o Desnudo apoyado I (1925) son algunos de los ejemplos que recoge la exhibición.

 De Lempicka mostró también un gran interés por recuperar el arte antiguo y adaptarlo al estilo Art Decó. En la exposición hay obras de la artista que revelan sus estudios sobre la pintura italiana del siglo XV y la flamenca del XVII: Según “El beso” de Hoyez, de 1922; Santa Teresa de Ávila, 1930; Virgen, según “La Piedad” de Miguel Ángel, 1940; Joven con pensamientos, 1945… En estas piezas, como en el resto de las de la autora, pueden apreciarse las principales características estilísticas del arte que desarrolló de Lempicka: los colores vibrantes, los juegos de luces y sombras, las líneas precisas y las figuras definidas.

La obra de la reina del Art Decó ha sido fuente de inspiración para artistas posteriores, desde diseñadores de moda hasta actores o cantantes se han rendido a su arte; algunos como Jack Nicholson, Barbra Streisand o Madonna son poseedores de pequeñas colecciones de la polaca. Este es, precisamente, uno de los motivos por los que la obra de Tamara de Lempicka se ha mantenido durante años en un segundo plano. “Ha estado siempre en manos privadas y eso ha desfavorecido el que se pueda dar a conocer”, reconoce Cristina Trigo, jefa de equipo de la exposición.

Al contrario de lo que ocurrió con algunos artistas coetáneos, de Lempicka fue una de las pintoras más aclamadas de su época, pero los libros de historia posteriores hicieron que cayera en el olvido. Su obra se recuperó en los años setenta gracias al galerista francés Alain Blondel y es, a día de hoy, una artista muy cotizada.

Tamara de Lempicka. Reina del Art Decó es la segunda exposición de la artista que recibe nuestro país, tras la celebrada en Vigo en 2007. Se trata de una muestra itinerante que ha llegado a Madrid tras pasar por ciudades europeas como Milán (2006), París (2013), Turín (2015) y Verona (2015). Le precede el éxito cosechado en sus anteriores destinos, tanto por parte de la crítica como por el público.

Aquellos que se acerquen al Palacio de Gaviria antes del 24 de febrero de 2019 podrán empaparse de parte de la cultura de la primera mitad del siglo XX y conocer el arte de una mujer que a nadie dejó indiferente. Tamara de Lempicka contribuyó a poner los cimientos de un movimiento y destruyó los pilares de una sociedad que no estaba preparada para mujeres como ella. Algo tiene el aura que rodea a de Lempicka que atrae desde el minuto uno y que hace imposible desbancar de su trono a la reina del Art Decó.

 

“He pintado reyes y prostitutas. No pinto a una persona porque sea famosa, pinto a los que me inspiran y me hacen vibrar”
Tamara de Lempicka

 

Datos Útiles:

-Lugar: Palacio de Gaviria
-Dirección: Calle del Arenal, 9, 28013 Madrid (Zona turística de los Austrias)
-Web: http://www.tamaradelempicka.es/
-Contacto:

  • Correo: reservas@arthemisia.es
  • Teléfono: 902 04 42 26

-Fechas: Del 5 de octubre de 2018 al 24 de febrero de 2019

-Transporte:

  • Metro: Ópera (líneas 2, 5 y R) y Sol (líneas 1, 2 y 3)
  • Autobús: Líneas 3, 25, 39, 50, N16, N26
  • Cercanías: Sol
  • Alquiler de bicis con BiciMAD: Estaciones 1, 25 y 31

Precios:

  • Entrada general + Audioguía: 13 euros
  • Entrada reducida a personas con discapacidad y su acompañante, desempleados, personas mayores de 65 años, titulares del carné joven, estudiantes menores de 25 años y niños de 11 a 18 años: 11 euros Universitarios, los lunes: 8 euros
  • Grupos: Entre 15 y 25 personas, 10 euros cada uno; grupo escolar, 5 euros cada uno (martes y jueves 3 euros)
  • Gratis: Menores de 5 años, Guías Oficiales de Turismo de Madrid, poseedores de la tarjeta VIP Arthemisia y poseedores de ticket de cortesía

-Horarios:

  • Domingo a jueves: 10:00h a 20:00h
  • Viernes y sábados de 10:00h a 21:00h
    (La taquilla cierra una hora antes)
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