La sonrisa de Mona Lisa o la lucha por la emancipación de la mujer y del arte contemporáneo

Por Paula MARÍA @paulapinturilla

Mike Newell saca lo mejor de un reparto impecable en este filme que conmueve e indigna al espectador a partes iguales. Un largometraje sobre el coraje y los sacrificios que requiere el progreso, en una sociedad donde la mujer y el arte contemporáneo son encorsetados por los valores conservaduristas defendidos por las élites académicas y económicas.

 

Ficha

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La sonrisa de Mona Lisa, 2003, cartel
  • Título original: Mona Lisa Smile
  • Año: 2003
  • Duración: 117 minutos
  • País: Estados Unidos
  • Dirección: Mike Newell
  • Música: Rachel Portman
  • Reparto: Julia Roberts, Kristen Dunst, Julia Stiles, Marcia Gay Harden, Maggie Gyllenhaal, Dominic West, Juliet Stevenson, Topher Grace, John Slattery, Ginnifer Goodwin, Lily Rabe
  • Palabras clave: Enseñanza, arte, años 50

                                                                       

Sinopsis

La película La sonrisa de Mona Lisa, Mona Lisa Smile en versión original, nos acerca a la profesora de historia del arte recién licenciada en Berkeley, Katherine Watson (Julia Roberts), quien comienza a impartir clases en esta materia en la universidad de Wellesley, un prestigioso centro de señoritas situado en Nueva Inglaterra, famoso por su disciplina y conservadurismo, durante el curso de 1953. El choque entre los valores progresistas de Katherine y los defendidos en su nuevo centro, donde las alumnas son preparadas, básicamente, para cumplir la función de esposas y madres subordinadas a los intereses de sus maridos, complicará la situación de la señorita Watson, aunque esto no le impedirá luchar por cambiar las cosas desde los pupitres.

Los Estados Unidos de los ´50: Prosperidad económica frente involución social

La película transcurre en los Estados Unidos de la década de 1950, un periodo donde se gestaron las transformaciones sociales que se materializaron en revoluciones unos años después; transformaciones que conllevaron notables esfuerzos para personas progresistas como la profesora Watson.

Estados Unidos acababa de salir de la guerra de Corea (1950-1953), el miedo al comunismo era palpable y sus seguidores eran perseguidos, tanto en los círculos artísticos como industriales, muchas veces de forma impulsiva, debido, en gran medida, a la tensión social generada a raíz de los discursos del senador Joseph McCarthy. La Guerra con Corea del Norte (1950-1953) acababa de terminar, pero el temor a los ataques nucleares seguía vigente tras el precedente de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945).

La prosperidad económica derivada de una mayor producción, motivada por una considerable subida del consumo, principalmente, del sector automovilístico; fue disfrutada por las familias ricas, quienes se fueron mudando a grandes construcciones en los barrios residenciales, como se puede observar en la película en las escenas del hogar de Betty Warren, una de las alumnas de la profesora Watson.

Betty Warren
Betty Warren recién casada, reflejo de la situación de la mujer norteamericana de los ´50. Fotograma de la película

Sin embargo, dicha prosperidad no se reflejó, al menos de forma inmediata, en avances sociales efectivos, si bien, las revoluciones de los años ´60 fueron, en realidad, la eclosión de los menos llamativos movimientos de la década que nos ocupa.  Centrándonos en el papel de la mujer, el escaso empoderamiento que había logrado con su entrada en el mundo laboral a raíz del éxodo masculino generado por la Segunda Guerra Mundial, vivió un retroceso cuando, al terminar esta, los movimientos conservaduristas volvieron a relegar al género femenino al cuidado de los hijos, los hogares y los maridos.

Esta posición secundaria queda reflejada a lo largo de toda la película de Newell, aunque hay un detalle que me parece especialmente significativo a pesar de lo anecdótico. El nombre de la sociedad secreta de las alumnas del Wellesley, en la que solo participan mujeres y que se emplea como un lugar de acercamiento y confesiones entre ellas, se llama “Costillas de Adán”; es decir, lo más parecido a una asociación feminista en la escuela recuerda, ya desde su denominación, la posición secundaria y subordinada de la mujer en la sociedad del momento.

El Wellesley y la señorita Watson: El reflejo del panorama artístico y su problemática

Buey desollado Soutine 1926 (1)
ChaÏm Soutiene, Buey desollado, 1926

En la década de 1950, un jovencísimo Andy Warhol comenzaba a consolidar su reputación a base de ilustraciones publicitarias demostrando una marcada personalidad que explotaría una década más tarde. En 1954, durante el segundo año de la señorita Watson en Wellesley, moría Matisse, dejando tras de sí la herencia del fauvismo. Un polémico Jackson Pollock abandonaba, por estas fechas, su estilo de goteo y optaba por tonos más oscuros.

En España, un célebre Pablo Picasso, cuya pintura ya había pasado por todas sus fases, había logrado llevar, junto con el francés George Braque y el sintético Juan Gris, el cubismo a su máximo esplendor; y ya rendía homenaje a grandes maestros como Velázquez. También al otro lado del charco, grandes nombres consagraban el surrealismo como corriente de alcance internacional.

La arquitectura, por su parte, había dado, y aún lo hacía, nombres que se integraban en corrientes diversas. El funcionalismo de Le Corbusier y sus cinco puntos, eclosionó en el periodo de entreguerras; no menos importante fue el estilo internacional encabezado por el alemán Mies van der Rohe, o el organicismo de Frank Lloyd Writght, muy influenciado por el movimiento Arts and Craft de finales del siglo XIX.

Reacción ante Soutine
Reacción de las alumnas de Katherine Watson ante la proyección de la obra de Soutine. Fotograma de la película

En definitiva, la película de Mike Newell refleja un contexto artístico en el que las vanguardias ya habían fructificado, culminando el proceso de renovación artística iniciado por la corriente impresionista de la segunda mitad del siglo XIX. Sin embargo, ciertos sectores de la sociedad aún no habían interiorizado estos nuevos estilos y valores creativos: se resistían a considerarlos arte. La profesora Watson se mostrará, desde el primer momento, como una apasionada del arte contemporáneo, aunque esto no le impedirá apreciar el valor de los clásicos. Los directivos del Wellesley, por su parte, rechazarán el arte moderno hasta el punto de cuestionar el programa docente de la anterior. El diálogo siguiente entre Katherine y el doctor Edward Staunton, su supervisor en la universidad, ilustra esta disyuntiva, además del comportamiento elitista de la institución:

E.-De manera que esos lienzos que se hacen hoy día, repletos de manchas y de borrones de pintura, merecen nuestra atención tanto como la Capilla Sixtina de Miguel Ángel.

K.-No los estoy comparando.

E.-¿Ha visto usted la Capilla Sixtina, señorita Watson? ¿La ha visto en persona?

K.-Nunca he viajado a Europa.

 

Referencias cinematográficas para el espectador

El argumento del docente liberal en lucha contra los valores académicos tradicionales, así como el contraste entre los modos de enseñanza conductistas, basados en la memorización y la rectitud, frente a los nuevos procesos docentes, defensores de la comunicación bidireccional y la construcción de elaborados esquemas cognitivos; no es un tema realmente novedoso. El dilema al que se enfrenta Julia Roberts en esta película, ya lo han vivido otros académicos de la historia del cine, como el conmovedor Clément Mathieu de Los chicos del coro (2004) o el afamado John Keating de El club de los poetas muertos (1989). Entonces ¿qué es lo que hace distinto este largometraje? Dos aspectos resaltan por encima de todo: La fantástica interpretación de Julia Roberts y del resto de las alumnas; y la constante presencia de referencias artísticas en infinidad de detalles apreciables para cualquier espectador con ojo crítico.

 

La situación de la mujer y del arte contemporáneo en los años ´50

Uno de los principales méritos de La sonrisa de Mona Lisa es su capacidad para establecer una clara analogía entre la posición de la mujer y la del arte contemporáneo, en la sociedad estadounidense de los años ´50.

Los artistas contemporáneos eran considerados por las élites académicas conservadoras como creadores estridentes, cuyo trabajo no había alcanzado la madurez ni la solidez necesaria para ser denominado “obra de arte”. Lo mismo ocurría con la situación de las mujeres.

Tanto la publicidad como la tradición hacían de la mujer una figura subordinada a su marido, casi al nivel de una esclava, pues esta necesitaba estar tutelada por alguien, como un niño que requiere de un padre que le marque el camino.

El carácter del arte contemporáneo se asociaba con la locura de sus creadores, así como el de la mujer, que era asimilado a su histeria. La profesora Watson se opone a estas dos afirmaciones e intenta que sus alumnas den un giro a su pensamiento. Así, en la película se da otro diálogo clarificador, esta vez entre Katherine y su alumna Betty, que muestra la idea academicista de la necesidad de aprobación del arte para ser considerado como tal; del mismo modo que la mujer necesitaba la constante aprobación de su marido para lograr cierta consideración.

K.-¿Qué es arte? ¿Qué hace que sea bueno o malo? ¿Y quién lo decide?

B.-El arte no es arte hasta que alguien decide que lo es.                                   

K.-¡Es arte!                                                                                                            

B.-La gente apropiada.                                                                                           

K.- ¿Y quiénes son?

En esta misma línea, la inquietud de Katherine por acercar a sus alumnas al arte contemporáneo es vista por la dirección del Wellesley como una forma de provocación, similar a la que supone que la enfermera del centro, Amanda Armstrong, reparta preservativos entre las mismas. Tanto la liberación sexual como la intelectual son dos pasos necesarios para el peligroso proceso de emancipación de la mujer.

Watson ante Pollock
Katherine Watson ante la obra de Pollock. Fotograma de la película

La señorita Katherine trata de involucrar a la clase en las nuevas tendencias del arte, a la vez que ahonda en la necesidad de abandonar las exigencias que la todavía incipiente publicidad de la época, comercial y moralista, exigía a la mujer: “¡Hasta una faja que te hace libre! ¿Qué significa eso?”. Así, se produce una de las escenas más significativas del largometraje, cuando esta muestra a sus alumnas un ejemplar de Jackson Pollock, concretamente Number 1. Lavander Mist, que había sido firmado por el artista tres años antes, en 1950. El desconcierto y la impresión de las elitistas alumnas es tal, que Watson rogará que se limiten a considerar la obra, no que la analicen ni la juzguen.

El director, en este punto, acerca al espectador a la obra de Pollock de una forma casi palpable, con primeros planos que le permiten apreciar la pincelada empastada, la rugosidad y el juego cromático del artista.

A partir de esta secuencia se produce, en la película, un punto de inflexión. Este gran lienzo logra conmover a las alumnas de la señorita Watson, quienes empezarán a dejar de lado los esquemas académicos previos que escenas atrás recordaba una irritada Betty Warren; y que basaban la evaluación artística en parámetros casi cuantitativos: técnica, composición, color, incluso tema. Las alumnas del Wellesley pasarán a valorar el arte desde dentro, a partir de sus sensaciones: El arte deja de serlo solo cuando alguien lo dice, del mismo modo que ellas pueden estar satisfechas de sí mismas, aunque ningún hombre lo secunde.

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Jackson Pollock, Number One, 1950 (Lavender Mist)

Arte y producción en masa: Van Gogh siguiendo los números

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Van Gogh, Los girasoles, serie de 1888

Desde el contacto de las alumnas con la obra de Pollock, las clases de la profesora de historia del arte darán un salto en cuanto a la madurez y la profundidad de sus contenidos. En una de las sesiones, dedicada al holandés Vincent Van Gogh, se llegarán a cuestionar los efectos de la producción en masa para el sentido del arte en la sociedad del momento.

K. Watson muestra en el aula uno de los ejemplares de Los Girasoles (1888), Vincent Van Gogh, del cual afirma: “La gente no llegaba a entenderlo, lo consideraban infantil y tosco”. Juicio que, nuevamente, se asemeja a los que limitaban el papel de la mujer de los años ´50. La figura de Van Gogh sirve a la profesora para abordar el problema de la autenticidad: ¿Sigue siendo este un valor fundamental para el arte de la sociedad de la producción en masa? Katherine así lo cree, de hecho, resalta la ironía de que cualquiera pueda tener un Van Gogh en casa: “Mirad lo que hemos hecho con el hombre que se negó rotundamente a adaptar sus ideales al gusto popular, que se negó rotundamente a comprometer su integridad”.

La simbología en la película de Newell es constante. Mientras que las flores habían acompañado a los personajes femeninos, excepto a Katherine Watson, durante toda la película, como parte de la construcción del concepto de “mujer florero”, por ejemplo, en el papel de las paredes de sus habitaciones. En la escena de la fotografía anterior adquieren un nuevo significado. Cada alumna ha logrado captar su personalidad y transmitirla en forma de pincelada en los cuadros que presentan: los girasoles son la materialización del carácter de unas alumnas que han asumido la importancia de trabajar individualmente su propio sentido crítico.

Alumnas muestras los girasoles
Las alumnas presentan sus versiones de Los Girasoles de Van Gogh. Fotograma de la película

Valoración de la película

Autorretrato con sombrero de paja
Van Gogh, Autorretrato con sombrero de paja, 1887

Este largometraje será apreciado por cualquier espectador amante de la historia del arte y de la buena interpretación. La banda sonora de Rachel Portman, mezcla con maestría la música diegética y extradiegética, y sumerge al público en esa época inmediatamente anterior a la explosión del rock and roll, de la mano de figuras como Elvis Presley, Jerry Lee Lewis o Chuck Berry. La luz adquiere un sentido simbólico en muchas de las escenas, así como la combinación de los diferentes planos y la escenografía.

El arte, por su parte, está presente en la trama de una forma no siempre explícita. Así, el espectador escuchará nombres como Miguel Ángel, Rafael, Van Eyck, Ansel Adams o Claude Lévi-Strauss; pero también observará detalles que no serán atribuidos directamente. Una pequeña fotografía de Las Señoritas de  Avignon (1907) de Pablo Picasso que Katherine saca en el tren que la llevará al Wellesley al principio del filme; o una imagen de un edificio de la Escuela Chicago que casi comparte chincheta con una fotografía de la explosión de la bomba nuclear y con una cita de Leonardo da Vinci, en el corcho del despacho de la señorita Watson. En definitiva, la creación artística es tan protagonista de esta película, como la propia profesora, de hecho, es ella quien encarna las dos aristas que construyen la trama: la reivindicación del papel de la mujer en la historia de la humanidad y la de las obras contemporáneas en la historia del arte.

Despacho señorita Watson
Fotografías de obras de arte en las paredes del despacho de la señorita Watson. Fotograma de la película

Enlaces:

      • Segunda clase, proyección de la obra de Chaim SOUTINE
      • El despacho de la señorita Watson:
      • Lección sobre Van Gogh:

     


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