La memoria cultural en la Historia del Arte

Por Oleg LUKIN @cosmicquetzal

La memoria cultural en la Historia del Arte: ideas creadas y presentes en nuestra cultura desde al arte y la propia actividad de rememoración del artista para su creación pictórica. En este artículo veremos brevemente algunos ejemplos de construcción imaginaria (desde el arte) que perviven en nuestra cultura, y, los procesos de creación del artista a partir del recuerdo y factores que influyen en dicha actividad.

Podemos recordar lo que comimos esta mañana, podemos recordar como aprendimos a montar en bicicleta, recordamos el rostro de nuestros familiares, quizás a veces no recordamos si apagamos la luz al salir de casa, pero seguro que recordamos la casa de nuestra infancia.

¿Podemos recordar la Revolución Francesa? No podemos recordarla desde la experiencia, pero podemos reconstruirla a partir de la memoria. Desde pequeños nos han enseñado y hemos estudiado lo que pasó en 1789: Luis XVI, guillotina, Jean-Paul Marat… o simplemente “La Libertad guiando al pueblo”, de Delacroix. Sin embargo, Delacroix pintó su cuadro en 1830, ¿cómo nos podemos imaginar la Revolución Francesa desde su obra? Es cierto que la fecha es próxima, pero el propio autor nació en 1798. Podríamos decir que Delacroix reconstruyó la escena a partir de lo que se generaba en su memoria tras recibir toda la información que le fueron contando sobre los hechos: periódicos, cronologías, historias de familiares, historias de amigos; la propia situación que vivió él que era solo ligeramente posterior a la Revolución. Además, al haber pasado escaso tiempo, los datos debían de ser muy fieles y poco tergiversados.

Así, nosotros también reconstruimos imágenes mentales de hechos que nosotros no hemos vivido desde nuestra experiencia, y aun así conocemos por la educación a la que hemos sido sometidos (desde la escuela hasta las historias contadas por nuestra abuela o algún taxista que nos llevaba algún sitio). Pero “La libertad guiando al pueblo” no escenifica la Revolución Francesa, el cuadro nos muestra una representación de unos sucesos revolucionarios de 1830 también en París.

Vemos que le habíamos dado a un signo un significado que no le era legítimo. Este signo representaba un hecho distinto, sin embargo, desde siempre habíamos creído que nos mostraba la Revolución Francesa de 1789. Nuestra cultura siempre nos ha relacionado 1789 con ese cuadro, empezando en los libros de texto de Historia de colegio e instituto y perpetuado por las propias personas que recibían esta información de asociación. Pero también hemos visto como reconstruimos hechos no vividos desde la experiencia y en total hemos visto el completo trabajo de la memoria colectiva o memoria cultural.

Desde un punto de vista ontológico, la memoria colectiva está presente en la sociedad como un conjunto de ideas platónicas que la sobrevuelan. La memoria colectiva, además, actúa junto con el lenguaje como un filtro para la experiencia y el conocimiento individual. Fue sobre todo esta última observación, este condicionamiento a la memoria individual, lo que movió a plantear y desarrollar el concepto de la memoria colectiva.

Este concepto ha estado muy presente durante toda la Historia del Arte, desde las venus prehistóricas hasta el presente, pues durante la Historia el Arte ha sido lo que más ha promovido y fijado imaginarios en nuestra cultura, tanto para la posterior repetición y copia de obras por otros artistas, como esa propia idea visual en nuestra mente. Citando a Lotman sobre este tema: “Los aspectos semióticos de la cultura se desarrollan según leyes que recuerden las leyes de la memoria, lo que pasó no es aniquilado: pasa a ser conservado para luego manifestarse.”

Ideas visuales que ha fijado la Historia del Arte en nuestra memoria colectiva

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1 “Pantocrátor de Sinaí”. s.VI. Monasterio de Santa Catalina

La más importante, por haber estado presente y en parte regido nuestra cultura los últimos dos mil años, sería la de Jesucristo. Las representaciones de Jesús de Nazaret se expandieron principalmente desde el arte paleocristiano y bizantino, a través de pinturas y mosaicos. No se sabe el origen de la idea del aspecto del sujeto, pero sabemos que en el Imperio Bizantino los decoradores del taller imperial fijaron una iconografía oficial, dentro de ello, el prototipo del rostro de Jesús. Además, gracias a la gran expansión del imperio y unido a la facilidad de transporte de las tablillas icónicas su difusión fue por todo Occidente y Oriente próximo. De este modo encontramos el “Pantocrátor” [1] como una de las primeras representaciones de Jesucristo.

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2 Ilustración de Auguste Malmström de “La Saga e Frithiof”. 182
  • Tenemos un leve detalle que se ha fijado en nuestro imaginario que incluso es completamente falso, los cuernos de los cascos vikingos. Los vikingos no llevaban cuernos en sus cascos, fue en 1820 cuando Auguste Malmström ilustró “La Saga de Frithiof” añadiendo los cuernos para darles un aspecto demoníaco. [2].
  • Los ángeles. Según la Biblia no todos los ángeles llevaban alas, y los que sí llevaban 3 pares (serafines) o eran cabezas de niños aladas (querubines). Pese a esto la representación constante en el arte de motivo cristiano durante toda la Historia era de una figura humanoide con un par de alas. [3]

 

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3 Paul Gauguin, “La visión después del sermón: Jacob luchando con el ángel” 1888

 

La creación del artista a través de su propio imaginario

  • La pintura histórica es por defecto un intento imaginativo del artista de viajar en el tiempo y espacio. Aquí no se incorporan elementos fantásticos, si no ya sería una pintura mitológica. Son muchísimos los artistas que trataron este tema, si no contamos todos los retratos de Corte, sobre todo se concentran a finales de siglo XVIII y a principio del siglo XIX: Repin, Delacroix, Jacques Louis David, Benjamin West, Pradilla, Goya… El artista viaja al pasado desde lo que conoce en el presente, obviamente cuanta mayor y mejor documentación, no más fiel, sino mayor rigor histórico encontraremos. No es el objetivo, pero es el resultado; la pintura histórica se convierte en ilustración de hechos. Es aquí donde encontramos “La Libertad guiando al pueblo”, “Cosacos zapórogos escribiendo una carta al Sultán” o “Los fusilamientos del 3 de mayo”. [4]

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    4 Eugène Delacroix, “La Libertad guiando al pueblo” 1830
  • Paisajes de ruinas. Los descubrimientos arqueológicos en ciertos momentos de la Historia impulsaron siempre nuevamente un periodo de recuperación de cultura clásica (así ocurrió con el descubrimiento de las ruinas de Pompeya y de Troya). Pero no todos los artistas viajaron para pintar ruinas antiguas, sobre todo cuando vieron que estas ruinas no eran tan colosales o imponentes como se esperaban, de esta manera a muchos les inspiró para crear escenarios fantásticos de un mundo antiguo todavía presente. [5]

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    5 Hubert Robert, “Villa Madame” 1767
  • Además de la religión, el tema que más acompaña a la Historia del Arte es la mitología. Sobre todo durante el Renacimiento y posteriormente el Barroco, de pronto nos encontramos con infinidad de artistas representando motivos clásicos.
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    6 Diego Velázquez, “El Dios Marte”, 1640

    Los centros académicos (nos referimos aquí a los de cualquier tipo y oficio) frente a la decadencia de la Iglesia buscaron una alternativa y una regeneración encontrándola en la cultura clásica, que fue promovida. Este conocimiento les fue posible gracias a los textos encontrados de estas culturas que contaban y narraban sobre ellas. Rememoraron una época y una cultura que les era ajena, y además la promovieron. Al superar el obstáculo de la lengua gracias a la traducción les fue posible penetrar en los cimientos de la cultura clásica y transportarla y predicarla en su presente. Pero los procesos de rememoración y más aún los de su posterior reproducción en el presente modifican el objeto. Al rememorar una cultura pasada la introdujeron en la suya primero atravesándola por los filtros de su propia memoria colectiva, y al instalarla, ésta ya estaba de por sí adaptada tras la visión que le fue otorgada por los individuos que la rememoraron. De esta forma, dentro del primer punto encontramos los famosos cuernos de Moisés o la gran cantidad de variantes de criaturas mitológicas con el mismo nombre. Por otro lado, en cuanto a la segunda descripción, es interesante ver escenas de la mitología clásica con residuos de una rememoración de otro tiempo, añadiendo elementos que los artistas veían estables en su tiempo cuando realmente no lo eran a un nivel de mayor abstracción temporal, encontrándonos con armaduras del siglo XVII en representaciones de temática clásica [6].
    Actualmente esto sigue ocurriendo: a la Ronda de noche de Rembrandt le seguimos atribuyendo la nocturnidad pese a que oscureció con el paso del tiempo y en momento de creación fuese de día, o, películas y series de televisión nos representan épocas pasadas mientras visten con un estilo totalmente contemporáneo.artistas veían estables en su tiempo cuando realmente no lo eran a un nivel de mayor abstracción temporal, encontrándonos con armaduras del siglo XVII en representaciones de temática clásica [6].

Obviamente dependiendo del objetivo del autor hará una representación u otra, el problema no está en la falta de concordancia entre objetos y la época representada, ni la deformación o reinterpretación; el problema es doble a través de dos pasos: para una correcta ilustración o representación debe haber un pleno conocimiento, pero el mayor error reside en cuanto la representación se convierte en documento de a lo que se refiere. Y esto ocurre con las obras más clásicas.

Desde la invención de la fotografía y la apertura de redes de comunicación y transporte dejó de ser pertinente ser fiel a la realidad para documentarla. No había necesidad de continuar con el realismo académico. Fue a partir de este momento cuando el Arte se desligó de la realidad y comenzó a desarrollarse a través y dentro de sí mismo, con un dinamismo rompedor comparado con tiempos pasados. A partir del Impresionismo, en su mayoría, los cuadros no pedían ningún ejercicio de memoria, de a ver a qué remite, se basaban por completo en lo que hay en la pintura; ni siquiera el propio artista necesitaba de memoria, retrataba en el mismo instante.

No será hasta el surrealismo cuando vuelva aparecer de nuevo y más puramente el ejercicio de la memoria, concretamente con Dalí y subrayando su “Persistencia de la memoria”. El método experimental utilizado, y que el propio Dalí autodenominó “paranoico-crítico” contiene ideas interesantes sobre este tema. Dalí observó que el paranoico “sintetiza de forma lógica sus delirios, interpreta el mundo exterior en virtud de sus propias obsesiones”. A partir de aquí, Dalí considera que el pintor surrealista “no debe limitarse a ser agente pasivo que plasma de forma automática sus sueños en el cuadro, tiene también que participar en la elaboración de las confusas imágenes que recuerda cuando despierta, asociándolas con nuevas realidades”.

Pero el movimiento que más jugó con la memoria colectiva fue el dadaísmo, con Duchamp como máximo exponente. Deformar y burlarse de las asociaciones colectivas como convertir un perchero en obra de arte simplemente por presentarlo, pero seguir siendo perchero para el público que en anécdota, inconscientemente, colgaron ropa. Duchamp presentó ready-mades chocantes para el público por su sinsentido: sabemos, tras usar automáticamente nuestra enciclopedia mental, que un taburete es para sentarse y una rueda de bicicleta para hacerla moverse por cinética, presentar “Rueda de bicicleta sobre taburete de cocina” rompía los esquemas de lo utilitario.

A día de hoy y desde siempre el imaginario colectivo juega un papel importantísimo en nuestra sociedad siendo filtro de la propia memoria individual y completamente decisivo en cuanto a ideologías. En cuanto al Arte, hemos visto como el arte pictórico ha fijado ciertas categorías en nuestra cultura a lo largo de toda la Historia, sin embargo, ahora siendo dejado a un lado por otros movimientos artísticos que lo han ido sustituyendo en los últimos dos siglos, obviamente ha dejado de influir tanto; son los sustitutos los que más moldean actualmente nuestro imaginario colectivo, que unido a la gran cantidad de mensajes lanzados en nuestra sociedad de la información (sobre todo hablamos de publicidad) que provocan la escasísima retención de información a largo plazo, penetran con mayor facilidad si estos mensajes son repetidos constantemente de manera implícita.

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