Shakespeare, romántico sin querer

Por Ricardo SOBRINO @ricardosobrino

William Shakespeare ha inspirado durante siglos a escritores, dramaturgos y actores, pero su influjo no se circunscribe a la literatura, sino que el arte se ha nutrido de sus palabras para componer obras pictóricas. El hombre del aro en la oreja, más allá de destacar en las letras, también ha trascendido al pincel.

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John Everett Millais, Ofelia, 1852

Las disciplinas culturales se influencian, se combinan y se inspiran unas a otras para enriquecerse, producir nuevas obras o aportar perspectivas y estímulos diferentes de un mismo trabajo. La relación entre la literatura y el arte no es para menos y ha dejado una prolífica producción de obras relacionadas tanto en escultura, como en pintura y grabados.

Los lazos entre una y otra vienen desde lejos, pues ya en la Grecia y Roma clásicas la literatura ha sido una fuente en la que el arte ha encontrado la inspiración para componer sus obras. El grupo escultórico Laoconte y sus hijos muestra la lucha, desesperación y agonía del sacerdote troyano junto a sus dos hijos antes de morir estrangulados por serpientes como consecuencia de un castigo vertido por los dioses. Una imagen de dolor y angustia que, si bien existe discusión, los expertos consideran estar basada en unos versos de la “Eneida”, escrita por Virgilio. El otro antecedente, sería una poesía perdida de la “Iliupersis”, poema épico que relataba la Guerra de Troya. Palabras. Literatura, en cualquier caso.

Pero no sólo la literatura ha influido en el arte. También, al contrario, el arte está en la literatura. La obra de Oscar Wilde, “El Retrato de Dorian Grey” no hubiera sido posible sin la influencia de la pintura como ejercicio artístico. O la más moderna “El túnel”, de Ernesto Sábato, carecería de las minuciosas descripciones de obras pintadas por el artista imaginario, Juan Pablo Castel, que se convierten en el eje para comprender el drama psicológico que vive el protagonista. Y en ese juego de cruces y correspondencias que se ha dado a lo largo de la historia entre literatura y arte, algunos pintores románticos encontraron su inspiración en William Shakespeare.

El Romanticismo, un sentimiento shakespeariano

En el discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura, Bob Dylan quiso acordarse del dramaturgo inglés: “apuesto a que lo más lejano de la mente de Shakespeare era la pregunta: ¿Es esto literatura?”. Seguramente tampoco se preguntaba si sus dramas, concebidos para ser hablados y representados, pudieran influir en obras artísticas. Pero, en efecto, con la admiración que suscita Shakespeare en el mundo anglosajón, equiparable a la influencia de Cervantes en España, los primeros artistas en acercarse a sus personajes fueron los ingleses, entre ellos William Hogan y los denominados gabinetes shakespearianos surgidos a finales del siglo XVIII.

Fueron trabajos de iniciación a la temática, sin embargo, la mayor producción de obras inspiradas en las letras de Shakespeare surgirá unos años más tarde, durante el período Romántico. Una nueva corriente artística que se basaba en la libre expresión de los sentimientos individuales, temas tenebrosos y estremecedores y una naturaleza salvaje e indomable por el ser humano y que encontró en los personajes de Shakespeare el universo perfecto para estimular su creatividad en la pintura.

Las tragedias humanas que representan estos personajes conflictivos, de profunda introspección psicológica, sentimientos fuertes y dramáticos que les llevan al amor pasional y al suicidio, hizo que de los textos de Hamlet, Romeo y Julieta y Macbeth surgieran obras pictóricas que representasen los momentos álgidos de la narración.

Uno de los artistas que mayor producción basada en las obras de Shakespeare produjo fue Eugène Delacroix. En el año 1827, el pintor francés asistió a una representación de Hamlet en el Teatro Odeón y quedó prendado de sus escenas, pero sobre todo del personaje de Hamlet, a cuya figura dedicó una serie de 16 litografías. La obra más famosa, “Hamlet y Horacio en el cementerio”, representa una escena en la que el joven príncipe pasea por el cementerio cuando un sepulturero de da la calavera de Yorick, quien había sido su bufón en la infancia.

Hamlet-y-Horacio-en-el-cementerio_-1839_-Eugène-Delacroix.jpg                          Eugene Delacroix, Hamlet y Horacio en el cementerio, 1839

“¡Pobre Yorick! (…). Me acuerdo que siendo yo niño me llevó mil veces sobre sus hombros y ahora su vista me llena de horror; y oprimido el pecho palpita. Aquí estuvieron aquellos labios donde yo di besos sin número. (…) Ahora, falto ya enteramente de músculos, ni aún puedes reírte de tu propia deformidad (…)”.

La escena, pintada con colores oscuros, un paisaje hostil, con nubes negras que cubren el cielo y el viento que mueve violentamente los cabellos de los protagonistas, representa el momento de locura que vive Hamlet. Un tormento previo a su famoso monólogo sobre la vida y la muerte, sobre el ser y no ser que preludian su trágico final.

Personajes oscuros

Otro de los grandes pintores de temática shakespeariana fue Johan Heinrich Füssli. El pintor nacido en Suiza, tuvo que trasladarse a Londres por razones políticas y para ganarse la vida en sus comienzos en el nuevo país se dedicó a ilustrar textos de sus escritores favoritos, entre ellos, William Shakespeare, a quien dedicó una importante producción.

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                       Johan Heinrich Füssli, Lady Mcbeth sonámbula, 1784

En sus obras, Füssli representa a los personajes shakespearianos como caracteres que irradian sentimientos negativos de odio y miedo, pasiones y violencia rodeados de ambientes oscuros y tenebrosos. En “Lady Macbeth sonámbula”, retrata la escena inicial de acto V en el que Lady Macbeth, sonámbula intenta lavarse con fervor las manos. Aparece en un primer término, agitada con la mirada perdida y el brazo izquierdo en alto. Detrás, el médico y una dama, hablan sobre su trastorno. Todo ello en una escena oscura, con tonos ocres y negros tan sólo iluminados por la luz de la antorcha que porta la protagonista. Con este cuadro, Füssli refleja el conflicto interior de Lady Macbeth.

“Grave trastorno de su razón arguye el ejecutar en sueños los actos de la vida.(…) ¿Dónde tomó esa luz? (…) Mira cómo se retuerce las manos. Es su ademan más frecuente. Hace como quien se las lava”, dialogan el médico y la dama. Lady Macbeth, sin saberse observada muestra su drama: “¡Lejos de mí esta horrible mancha!… Ya es la una… Las dos… Ya es hora… Qué triste está el infierno… ¡Vergüenza para tí, marido mio!… ¡Guerrero y cobarde!… ¿Y qué importa que se sepa, si nadie puede juzgarnos?… ¿Pero cómo tenia aquel viejo tanta sangre?

Otro aspecto destacable de Füssli, es que siente fascinación por los seres fantásticos, como los fantasmas, presentes en “Hamlet y el fantasma de su padre” (1780-5) y las brujas, figuras recurrentes que aparecen en “Macbeth y Banquo con las brujas” o “Las tres brujas” (1783).

Julieta y Ofelia, personajes predilectos

Las figuras preferidas por los artistas para representar la tragedia y la alegoría de los textos de Shakespeare fueron los personajes femeninos de Julieta y Ofelia. Esta última es un carácter enigmático que siempre aparece rodeada de una vasta vegetación, y con ramo de flores en la mano, yaciendo en el suelo, a veces muerta y aveces con vida, pero frágil y enferma. Representaciones como “Ofelia” de John Everett Millais (1852) o las de John William Waterhouse, (1889 y 1894).

Si Ofelia es protagonista total, Julieta comparte protagonismo con Romeo en la mayoría de las obras. La variedad es mayor, pues parece en diferentes escenas que hacen referencia a los distintos momentos del texto. Bien sea en actitud amorosa, como “El ultimo beso de Romeo y Julieta”, de Francesco Hayez (1823) o “Romeo y Julieta” de Frank Dicksee, o en un momento trágico como es la muerte, pintado por Frederic Leighton en “La reconciliación entre los Montesco y los Capuleto tras la muerte de Romeo y Julieta” (1855) o “La muerte de Romeo y Julieta”, de Diebolt (1825).

Como dijo Bob Dylan, seguramente Shakespeare no se planeaba si lo que hacía era literatura, al igual que no podía saber que su obra inspiraría a pintores y artistas para crear sus composiciones. Y así, sin quererlo, gracias a estos pintores, el hombre del aro en la oreja fue también romántico.

 

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