¿Por qué no hay mujeres en los libros de Historia del Arte?

Por Violeta IZQUIERDO @arteneaUCM

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Marie-Denise Villers, Joven pintando, 1801, MET (Nueva York)

Las condiciones para acceder a la educación artística fueron muy diferentes para el hombre y la mujer a lo largo de la historia. El mismo concepto de arte y su clasificación ha estado sujeto a profundos cambios, abierto a múltiples interpretaciones que varían según la cultura, la época o la sociedad en que se desarrolla. El porque de la ausencia de grandes nombres de mujeres en la Historia del Arte lo intentaba explicar en 1971, la historiadora norteamericana Linda Nochlin[1] en su artículo titulado Why Have There Been No Great Women Artists?[2], publicado en la revista Art Newsse convertiría en uno de los textos fundacionales de la crítica feminista. Las mujeres, demostraba, habían sido sistemáticamente excluidas y olvidadas por el discurso oficial: sus obras no estaban en los museos, ni en los libros, parecían simplemente no haber existido jamás. El rol doméstico reservado tradicionalmente a la mujer, le había impedido acceder a una educación artística completa y también durante años a realizar una actividad remunerada en el mercado artístico.

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Ende o En, Miniatura del Beato de Girona, siglo X

La presencia de la mujer como creadora tiene escasa aparición en los escritos de la antigüedad de los grandes filósofos Aristóteles y Platón. Tendremos que remontarnos al siglo X para encontrar la primera obra firmada por una mujer, la llamada Ende[3] “pintora y sierva de Dios”. Monasterios y conventos fueron importantes núcleos de creación durante la Alta Edad Media pero el aprendizaje artístico, exclusivamente masculino, se realizaba en talleres con una orientación básicamente profesional en el campo de la artesanía, pintura, dibujo, escultura, etc.

En el siglo XII algunos gremios de artesanos comenzaron a admitir a las mujeres viudas capaces de cubrir el puesto de sus maridos. Los trabajos de los talleres no solían firmarse, eran considerados trabajos mecánicos y artesanos, pero en caso de incluirse una firma como signo distintivo de calidad del taller quien firmaba era el maestro, puesto que estaba vetado a las mujeres.

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Sofonisba Anguissola (1532-1625), Autorretrato, 1556

La valoración social del artista cambiará en el Renacimiento, ellos mismos reivindican que la pintura, la escultura y la arquitectura sean consideradas artes liberales debido a la intensa actividad intelectual y espiritual que conllevan. Con el cambio de estatus de artesano a artista, comienza la formación reglada de saberes imprescindibles para la instrucción del artista en las academias, se incluyen asignaturas como la Geometría, Física, Aritmética, Anatomía y copia al natural del desnudo humano, materias reservadas a los hombres. La mujer que no puede entrar aún en estas escuelas,  sigue dependiendo del varón y llega al aprendizaje artístico de la mano de un protector, un marido artista o un padre artista, por lo tanto siempre a través de un taller familiar o en sus propios hogares instruidas por artistas consagrados.

El Siglo de las Luces abre poco a poco el campo profesional de las mujeres, sobre todo en la enseñanza, pero continúan siendo mayoritariamente excluidas de las Academias y de los concursos –Premio de Roma-. Las que obtenían este privilegio tenían ciertas prohibiciones como la asistencia a las clases de desnudo. El desconocimiento pormenorizado del cuerpo humano las impedía consagrarse en los géneros de historia y mitología, viéndose obligadas a cultivar otros considerados “menores” como el retrato, el paisaje o la naturaleza muerta, a la vez que se les cerraban así las puertas del éxito ya que los Salones y concursos valoraban especialmente los temas históricos y mitológicos. Tampoco podían viajar al extranjero como los hombres para complementar su educación artística.

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Berthe Morisot con ramillete de violetas, 1872 (pintada por Eduoard Manet)

Durante el siglo XIX a pesar de que crece el número de mujeres dedicadas al arte y que van ganando ciertos derechos sociales, laborales y económicos continúan teniendo problemas para acceder a las Academias oficiales, pero surgen las primeras sociedades de mujeres artistas que crearán sus propios talleres, premios y bolsas de estudios, organizando exposiciones, además de luchar contra la discriminación de los organismos oficiales. Ciertos maestros aceptan mujeres en sus talleres y excepcionalmente avanzado el siglo las Escuelas de Bellas Artes admitirán alguna alumna. Los primeros movimientos artísticos de vanguardia como el Impresionismo terminan de romper con las normas del academicismo, proliferan en París talleres y escuelas independientes que manteniendo el contacto con los focos de la bohemia, potenciaran las nuevas fórmulas del arte, exponiendo en salones independientes paralelos a los oficiales atrayendo a las mujeres artistas.

Será durante el siglo XX cuando paulatinamente la mujer consiga equiparar su condición de artista con la del hombre. Durante la primera mitad del siglo las mujeres se aproximaron con entusiasmo al mundo de las vanguardias artísticas. Muchas de las limitaciones que habían sufrido a lo largo de toda la historia se iban superado: consiguieron el derecho al voto en 1918 en Gran Bretaña y Alemania, crecía el número de universitarias, tendrán acceso libre a las escuelas de pintura, podrán participar en exposiciones y concursos, incluso copiar desnudos del natural, aunque ciertos prejuicios continuaban instalados en la sociedad pues las escuelas de arte estaban gestionadas por hombres, los críticos de renombre eran hombres y los jurados de los concursos los componían exclusivamente hombres.

Las “mujeres de bien” anteriormente recluidas salieron a la calle, entraron en círculos de artistas, trabajaron con gran reconocimiento y, sobre todo, dejaron una huella imborrable en el devenir del arte moderno como creadoras además de musas o compañeras de otros artistas. Muchas fueron las artistas destacadas: Hannah Höch, Sonia Delaunay, Tamara de Lempicka, Natalia Gontcharova, Georgia O´Keeffe, María Blanchard, Norah Borges, Liovob Popova, Frida Kahlo, Gerda Taro, Berthe Morisot, Suzanne Valadon, Gunta Stölzl, y una interminable lista que poblarán los libros de Historia del Arte en el siglo XXI.

Hoy 8 de marzo, día internacional de la mujer trabajadora, desde ARTENEA queremos rendirles nuestro pequeño homenaje por su inestimable papel de pioneras y su incuestionable aportación al Arte.

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NOTAS:

[1] Linda Nochlin nacida Linda Weinberg, el 30 de enero de 1931 es una historia del arte estadounidense, profesora universitaria y escritora. Es considerada como una de las referentes más importantes en la Historia del arte feminista.

[2]  NOCHLIN, Linda (1971): “Why Have There Been No Great Women Artists?”, Art News, New York,  pp. 22-39.

[3]  Ende (o En) fue una monja y pintora castellana del siglo X, iluminadora de manuscritos cuya firma aparece por primera vez en el Beato ubicado en la Catedral de Gerona, conocido como Beato de Gerona.

 

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