Muros que irradian arte: el gran cambio de la Facultad de Ciencias de la Información (UCM) #muralesUCMccinf

Por Violeta IZQUIERDO @arteneaUCM y David LIMA @DLimaGuerrero

La alentadora historia de cómo la perseverancia encumbró la idea de un estudiante hasta convertirla en un proyecto para todos. La Facultad de Ciencias de la Información está cambiando su aspecto y las imágenes que están apareciendo en los muros de su interior podrían estar detrás de ello. Artenea ha querido viajar al origen de esta historia.

Un día llegas a tu facultad y giras en la esquina de alguno de sus pasillos. Tienes clase, te diriges a la cafetería, o simplemente necesitas ir a la biblioteca. Y de pronto, te lo encuentras. Te está observando fijamente, sin que puedas hacer nada para evitarlo. Intentas mirar a otro lado, pero es más grande que tú. Sorprendido, reparas en que eso no estaba antes ahí, ¿cuándo lo han puesto? Y…¿quién?

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Mural (2016) a partir de un fotograma de Tesis, 1996; de Alejandro Amenábar

La bicicleta de ET, la protagonista de Tesis, o el brazo de la mujer que piensa We Can Do it!, o tal vez los ojos penetrantes de la niña afgana que fotografió Steve McCurry para la portada de National Geographic; todo ello forma parte del inicio de una transformación, algo que no ha hecho más que comenzar en el edificio de la Facultad de Ciencias de la Información.

Un edificio plagado de luces y sombras

La historia de la Facultad de Ciencias de la Información de la UCM comienza en 1971 cuando los estudios de Periodismo, Cine, Televisión, Publicidad y Relaciones Públicas de las antiguas Escuelas Oficiales llegaron a la universidad. Su primera sede se ubicó en la Dehesa de la Villa en el curso 1971/72. Tres años después se buscó un nuevo emplazamiento y edificio para albergar estas titulaciones, su asiento definitivo se localizaría en la Avenida de la Complutense, sobre el denominado Arroyo Cantarranas. El singular edificio resultante, construido en dos fases y concluido en 1979, fue un proyecto de los arquitectos José María Laguna Martínez y Juan Castañón Fariña.

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Placa situada a la entrada del edificio principal

El estilo arquitectónico “brutalista o béton brut” (hormigón crudo) bajo el que se construyó responde a la herencia estilística del arquitecto suizo Le Corbusier (1887-1965) y el finlandes-estadounidense Eero Saarinen (1910-1961). La principal característica de esta corriente se basa en la utilización de la expresividad de los materiales en bruto, de texturas ásperas y naturales, estructuras con formas angulares y geométricas, simplicidad constructiva y antidecorativa, visibilidad de las instalaciones auxiliares como los conductos de ventilación o tuberías de agua y la ausencia de enmascaramiento de los materiales constructivos al interior y al exterior. Una arquitectura basada en el funcionalismo y la racionalidad que tuvo otros significativos exponentes en la arquitectura madrileña de la década de los setenta, caso de La iglesia de Nuestra Señora del Rosario de Filipinas (Calle de Conde de Peñalver, 40) de Cecilio Sánchez-Robles Tarín,  la Torre de Valencia (Calle O´Donnell, 4) de Javier Carvajal Ferrer o la Sede UGT (Avenida de América, 25) de Antonio Vallejo Acebedo.

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Edificio de la Facultad de Ciencias de la Información (UCM)

Este edificio gris, austero en su estética, complejo en su diseño interior, convive con la homogénea planificación de la Ciudad Universitaria y destaca como un faro entre el resto de las facultades. Su singularidad lo ha convertido en objetivo de todas las críticas y su pretendido feísmo ha hecho de él una de los construcciones más repudiadas por los detractores de la arquitectura severa, sobria y dura del Art Brut, sin darle una oportunidad para reconocer su esfuerzo de modernidad y de imbricación en las corrientes estilísticas del momento, de la audacia de las soluciones constructivas para su adaptación al terreno hostil y sin valorar la excepcionalidad y distinción que supone contar con un ejemplo representativo de una tendencia artística respetada internacionalmente.

Pocos cambios experimentó este edificio durante más de tres décadas, pero en 2003 se vio reforzado por el aulario, un inmueble a espaldas del bloque principal, que alberga a estudiantes del segundo ciclo, despachos para profesores y salón de conferencias. Le siguieron otras necesarias reformas en áreas de servicios y cafetería y, finalmente, en 2016, asistimos al sorprendente embellecimiento de sus muros, con un audaz y atrevido proyecto que ha suscitado el interés y la sorpresa de la comunidad universitaria que convive con ellos.

El origen del relato

Hace 22 años, un estudiante de Audiovisuales entró en el taller de diseño gráfico del profesor Javier González Solas. Allí descubrió una herramienta que cambiaría para siempre su vida: el aerógrafo -por aquel entonces, todo era más manual, no había tanto desarrollo informático-. Se llamaba Francisco Reyes y él fue quien llevaría el germen de toda esta historia ante el decanato. Tras escuchar las ideas de Javier González sobre la posibilidad de pintar dentro del edificio iconos fácilmente reconocibles con el fin de hacer más identificables cada uno de los pisos, decidió ponerse en marcha e intentar llevar la idea a buen puerto. Juntos, hicieron un dossier maquetado con recortables y lo presentaron a Alfonso Javier Fernández del Moral, decano de la facultad entre 1990 y 1998.

La idea gustó, así que decidieron hacer un primer experimento para ver cómo quedaría todo. Con folios impresos y superpuestos, plasmaron en una de las paredes de la facultad el muñeco diseñado por los hermanos Michelin en 1898 para representar su marca: el Bibendum -el dibujo que tantas generaciones han presenciado al bajar por las escaleras que conducen a la planta de la cafetería era eso, un boceto-. Pero de pronto, todo se congeló y la idea se archivó en un cajón.

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Mural (1995) Bibendum, el muñeco de Michelin

La historia cobró un nuevo rumbo 21 años más tarde, cuando antes del verano de 2016, la actual decana, Carmen Pérez de Armiñán, encontró aquel dossier y le devolvió a la vida. Para entonces, Paco ya era profesor de asignaturas relacionas con la publicidad, la televisión y el cine. Casualmente, uno de sus alumnos le comentó una original idea, la misma que había protagonizado él años antes: la mecha había prendido para no volverse a apagar.

Un equipo a prueba de fuego: la tríada del éxito

La idea de Reyes recobró  fuerza cuando  Mario Figueiras se puso manos a la obra. Junto a Laura Bermejo, forman un bloque infalible que, con las directrices de la voz más veterana -la de Paco-, está haciendo posible el proyecto.

Paco Reyes, además de ser profesor en la facultad, es todo un experto del mundo del writing, o más conocido como graffiti urbano. Es cofundador del equipo multidisciplinar Todo empezó en 1984…, y cuenta con una enorme experiencia en el campo de la comunicación audiovisual. Es él quien marca las pautas iniciales para cada uno de los trabajos.

Mario Figueiras, estudiante de audiovisuales, forma parte de la Junta de la Facultad, pertenece a Inforadio y a Infoactualidad, y fundó una asociación sin ánimo de lucro dedicada a la creación de proyectos audiovisuales (Asoc. Silver Frame), de la que hoy es presidente. Parece que es su perseverancia y constancia las que han hecho posibles que todo esto saliese adelante.

Por su parte, Laura Bermejo cursa el mismo grado que su compañero y actualmente trabaja como becaria en el Laboratorio de Medios Audiovisuales. Ella se incorporó algo más tarde al equipo. En un principio, acudió a las sesiones de Paco con los murales para documentar el proceso a través de la cámara, pero algo no salió como esperaba.
La
curiosidad y fascinación que le provocaron lo que veía hizo que un día cogiese con sus propias manos el spray. Desde entonces, Laura forma parte del bando de las pinturas y los aerosoles, y cada vez aprende más y más rápido la técnica que hace falta para ello.

El inicio de la aventura

Reyes había hecho en 2007 una copia de un cartel diseñado por el constructivista ruso Aleksandr Ródchenko (1891-1956) en el hall de entrada de la facultad, justo al lado del

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Mural (2007) sobre una litografía, 1924; de Ródchenko

Salón de Grados, y otro en homenaje a la profesora Ana Vigara (1955-2012), realizado en 2014 y ubicado en la escalera de caracol de acceso al aulario. De modo que, cuando en 2016 empezaron de lleno con el proyecto, ya había algún antecedente. La idea era filtrar imágenes con programas como Photoshop para ajustar unos parámetros que hiciesen posible y atractiva su representación en los muros de la facultad. A través de montajes, comprobaron el efecto de diferentes imágenes en cada parte del interior del edificio, pero la selección no resultó fácil.

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Mural (2014) en homenaje a Ana Vigara (1955-2012)

El número de imágenes se debía limitar y la distribución y elección de las mismas debían ser consensuadas por el equipo decanal. Por cada oportunidad de plasmar un mural, se ofrecían dos posibilidades, para que la dirección de la facultad se decantase por una sola. Las imágenes debían tener una función clara, identificar cada planta a través de emblemas de cada especialidad: símbolos de la historia del Cine, la Publicidad y el Periodismo. De este modo, se acabó identificando la 5ª planta como la dedicada al Periodismo y la 4ª y sucesivas, Comunicación Audiovisual y Publicidad.

El proceso creativo

Tamaña empresa conlleva tiempo, esfuerzo y creatividad. Ninguno de estos murales se ha realizado mientras se desarrollan las clases y la vida universitaria, el equipo aprovecha los fines de semana, los puentes y las festividades para embarcarse en la tarea creativa. Llegan por la mañana muy pronto, y en ocasiones después de realizar un encomiable esfuerzo para trasladar andamios, comienzan su tarea entre botes, sprays, sándwiches, música y ganas de pintar.

A estas alturas del proyecto y después de seis murales realizados, están ya bien organizados: Paco Reyes marca el dibujo -las líneas maestras, la esencia de la imagen, lo que la caracteriza y define-, Laura y Mario le ayudan en los rellenos, convertidos en sus ojos en la distancia para perfeccionar las sombras y los toques de color, los claros y los oscuros hasta que va tomando forma desde todos los ángulos de visión.

Las obras aparecen a menudo firmadas con dos símbolos. Por un lado, #7, que es la firma de Paco, y por otro, un ojo que parece verlo todo, que es la elección tomada por Laura para autorepresentarse. Sin embargo, no hay ni rastro de títulos, ¿por qué? Se trata de un juego que incita al descubrimiento del tema, de su relación con la esencia del entorno, con la idea original que les une al edificio. Un efecto sorpresa que se va sucediendo desde que el E.T  de Steven Spielberg apareciese de manera inesperada enfrente de reprografía el 17 de septiembre de 2016, seguido de la Ventana Indiscreta (4/10/2016) de Alfred Hitchcok, la emblemática Tesis (15/10/2016) -primer largometraje (1996) dirigido por Alejandro Amenábar, que fue antiguo alumno de esta facultad- y Los hermanos Marx (3/12/2016), Groucho, Harpo y Chico -que nos sorprenden al subir en la tercera con el recuerdo de su chispeante e inteligente humor-.

Después del largo puente de la Constitución descubrimos We can do it! (9/12/2016), un inspirador cartel de propaganda de guerra estadounidense creado por J. Howard Miller en 1943 e ideado para levantar la moral de las trabajadoras de la Westinghouse Electric de Michigan. El año se cerró con La niña afgana (23/12/2016), una fotografía de Steve McCurry que se hizo famosa en 1985 cuando fue portada de la revista National Geographic. La historia de esta niña de 12 años, Sharbat Gulade origen afgano y de la etnia pashtún -que se vio obligada a huir de Afganistán rumbo a Pakistán hacia un campo de refugiados, se concentró en la potente mirada de unos expresivos ojos verdes que hoy observan a todo aquel que pasa por su lado.

Un cambio para todos y una mirada al futuro

El trabajo de este equipo supone indudablemente un cambio, una transformación del espacio en el que convive la comunidad universitaria de Ciencias de la Información. Lejos de querer corregirla, esta iniciativa complementa la sobria personalidad del edificio al que se ha entregado.

Hace falta mucha constancia, paciencia y esfuerzo para hacerse cargo de un proyecto del que todos esperan un acabado paralelo al prestigio de una universidad como la Complutense. Pero también intuición por parte de aquellos que lo posibilitan, esa especie de instinto de valentía que nos impulsa a arriesgar y dejar que el color y el aire fresco entren para elevar la calidad del contexto. Es posible que a partir de ahora, ese edificio gris y brutal de Ciudad Universitaria pase a ser un motivo para atreverse, para dar el salto y transformar el lugar que habitamos en lo que de verdad nos hace sentir bien.

Esto no ha acabado aquí, en 2017 seguiremos descubriendo nuevos murales. Continuaremos informando…

¿Quieres formar parte de esta iniciativa?

Estamos creando un mosaico de imágenes de toda la comunidad universitaria (alumnos, profesores, pas) que convivimos en la Facultad de Ciencias de la Información con estos murales y los estamos colgando en Instagram (arteneaucm). Hazte una foto con alguno de ellos, ¡que se entere todo el mundo de lo que está pasando en Ciencias de la Información!

Mándanos tu selfie aquí:

@arteneaUCM

#muralesUCMccinf

Reportaje del DIARIO DE LA NOCHE-TELEMADRID [ 31/01/2017]

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