Impresionistas y modernos: la amplia colección de Duncan Phillips en CaixaForum de Madrid

Por Ada NUÑO @adasaurio

Hasta el 23 de octubre del 2016 se podrá disfrutar en Fundación La Caixa de Madrid la exposición Impresionistas y maestros modernos, proveniente de la colección Phillips Collection de Washigton, a través de la cual se puede comprender la evolución del arte de finales del siglo XIX a las vanguardias artísticas.

Estructurada en seis bloques -desde el romanticismo hasta el expresionismo abstracto-, la exposición compone un recorrido por algunas de las obras del marchante estadounidense Duncan Phillips (1896-1966), heredero de una gran fortuna familiar, cuyo mayor deseo fue el de crear un museo íntimo a semejanza del Prado. Un deseo que se convirtió en realidad cuando el MoMA de Nueva York abrió sus puertas al público el 7 de noviembre de 1929, puesto que en la actualidad alberga entre sus filas la colección de este filántropo con la intención de “ayudar a la gente a entender y disfrutar del arte contemporáneo”.

La primera sala de la colección es, sin duda alguna, la más amplia y diversa, dado que en ella se contraponen diversos movimientos del siglo XIX. El realismo social representado por Daumier, el clasicismo de Ingres, el simbolismo de Puvis de Chavanne o el romanticismo de Delacroix juegan unos con otros recordándonos que, frente a estos pintores que retratarían a partir de la memoria, podemos ver también los conatos de lo que más tarde será el Impresionismo: Edouard Manet se encuentra también en esta sala. Su obra nos recuerda en cierto modo a Velázquez. Sus figuras, que tan bien representan el folklore español (viajaría a nuestro país en varias ocasiones), se encuentran suspendidas en el tiempo.

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Jean Auguste Dominique Ingres, Pequeña bañista (1826)

LA IMPRESIÓN DEL MOMENTO

A finales del s. XIX los cambios en la sociedad van a influir en los pintores jóvenes que, temerosos de la ciudad industrializada y masificada, deciden volver a la libertad de los entornos naturales y la tranquilidad que provoca el campo. La captación del momento, que al fin y al cabo es efímero, dista mucho de los pintores de la sala anterior, que como ya vimos retrataban a partir de la memoria. Impresión, sol naciente  (1872) de Monet es la obra que dará nombre al movimiento. Breves momentos registrados para siempre en el lienzo. Pero Monet no es el único presente, el estudio cromático que Degas realiza en sus mimadas bailarinas, la idea obsesiva que lleva a Cezanne a inmortalizar su montaña de Saint Victoire en diversos momentos del día, o el post impresionismo, casi expresionista de Van Gogh tras sus épocas en Arles y Saint Remy también se encuentran en esta sala. El Impresionismo es sólo el principio, nos adentramos en una nueva época, estamos en los albores de un nuevo siglo.

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Edgar Degas, Bailarinas en la barra (1900)

MEDIANOCHE EN PARÍS

París era una fiesta, aseguraba Hemingway, y Woody Allen no ha podido menos que darle la razón recientemente. Todo artista que se preciase en los años 20 debía tener su localización en Montmartre o, quizás, en Montparnasse. Y era justo ahí donde se encontraba un joven Picasso luchando contra la tristeza debido al reciente suicidio de su amigo Casagemas. Una muerte teñida de azul, el color de su pena, que dará lugar a una etapa. Y por su taller pasan modelos que dejarán tras de sí interiores íntimos muy parecidos a los de Tolouse Lautrec o Degas.

En esta tercera sala el recorrido sigue un París de diversas caras. Analítico, como el del cubista español Juan  Gris, glamouroso y colorido, como el de Raoul Dufi, pero también bohemio, como el de Marice Utrillo (bebedor y pobre, hijo natural de la también pintora Suzanne Valladon, sin padre reconocido) o el del italiano Amedeo Modigliani, máximo representante de la Escuela de París, que en su persona aunó el espíritu de la bohemia y la revolución como ningún otro: las drogas, la tuberculosis, la autodestrucción y el callejón sin salida: la muerte temprana.

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Amedeo Modigliani Retrato de Elena Pavlowski (1917)

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Pablo Picasso La habitación azul (1901)

UNA NUEVA CORRIENTE

De la pintura íntima de Matisse pasamos al misterio de los Nabis o los interiores de Bonnard, retratando a su mujer Marthe a la salida del baño. Marthe, enferma de los nervios, necesita bañarse continuamente, y Bonnard la retrata de memoria. La mujer siempre es joven en la cabeza del pintor. Este recorrido nos acerca, lenta e irremediablemente, al expresionismo abstracto de los años 40 y 50. De la mano de Kandinsky y Oscar Kokoska, (ambos pertenecientes al Blau Raiter) la espiritualidad del arte nos lleva al final de la forma, a la nada. El centro neurálgico del arte pasará a Estados Unidos, los pintores americanos serán diferentes: colores planos, lienzos grandes, angustia mental y crisis provenientes de la Segunda Guerra Mundial. Duncan Phillips confía en ellos por su vanguardismo y por ser la sangre nueva que nutrirá esta Historia del Arte. El color de Pollock, que literalmente golpea el lienzo desde la paleta, termina con la oscuridad de Rothko.  Obsesionado por sus orígenes en Europa y las muertes que ha visto en su pueblo natal, Rothko es en ocasiones la oscuridad en sí mismo, el final de la forma. En el MoMA hay una habitación entera dedicada a su obra, sin ninguna interferencia o diálogo, tal como él quería. Y así podemos verla al entrar en el Caixa Forum.

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Mark Rothko, Sin título (1969)

http://impresionistasymodernos.caixaforum.com/

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