El arte fue pintado por mil nombres de mujeres

Por Angela PLIEGO @pliego395

Ellas son las grandes olvidadas, desaparecidas del mapa y suprimidas de la historia del arte. Desde Artemisia Gentileschi, la primera mujer en ingresar en la Academia del Diseño de Florencia, hasta artistas contemporáneas como Isabel Quintanilla, miembro del grupo de Realistas en Madrid, forman parte del borrador histórico que nunca salió a la luz.

El número de mujeres pintoras es menor que el de los hombres, cierto es. Pero una cosa son las cifras y otro el prestigio. Las artistas han sido silenciadas en todos los ámbitos artísticos y, por tanto, también de los libros de texto. Si a una persona le preguntamos que diga tres nombres de mujeres pintoras seguramente solo sepa uno, Frida Kahlo, o ninguno. Sin embargo, sabe quién fue Dalí, Miguel Ángel, o Goya. ¿Por qué ocurre esto?

El problema radica no solo en la educación que tenemos en este país, si no en la influencia del patriarcado y la herencia histórica que nos ha ido dejando durante siglos. Las mujeres han estado vetadas de cualquier manifestación artística por cuestión de género. La mayoría de las pintoras apenas tienen información sobre su vida y carrera profesional. Depende de nosotros, de la humanidad, que demos voz a aquellas olvidadas que contribuyeron a la historia del arte igual o más que los hombres. No importa el contexto social, político y económico, el desprecio que sufrieron las artistas es indiscutible y solo unas pocas privilegiadas recibieron el reconocimiento que se merecían en su época.  

Artemisia Gentileschi (1594-1654)

La pintora Artemisia Gentileschi (1594-1654) vivió en el esplendor del arte Barroco y fue la hija de uno de los representantes de la escuela romana de Caravaggio, Orazio Gentileschi. Su talento pictórico nació en el taller de su padre, llegando a destacar incluso por encima de sus hermanos, que trabajaron junto a ella. Aunque siempre tuvo la figura paterna muy presente, Artemisia creó una aproximación a los temas muy distinta a la aprendida. A los 17 años ya firmó su primera obra ‘Susana y los viejos’ (1610) y dos años después, debido a que no podía acceder a las academias que eran exclusivas para los hombres, su padre contrató un preceptor privado, Agostino Tassi.

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Artemisa GENTILESCHI Danae (1916)

Lo que no sabía esta joven promesa del arte era el escándalo que se le presentaba de la mano de su profesor Tassi. Éste la violó y ambos tuvieron que someterse a un largo proceso judicial, el cual incluyó que Artemisia fuera torturada para probar la veracidad de su testimonio, pues se creía que si una persona mantiene la misma historia con y sin tortura tiene que ser verdadera.

Tras superar este amargo capítulo, Artemisia no perdió nunca las ganas de pintar. Siguió ilustrando personajes de la mitología griega, como su versión de ‘Dánae’ (1612), momentos religiosos, como ‘María Magdalena como la Melancolía’ (1622-25) y escenas cotidianas. No conforme con su carrera solitaria, retocó y dotó de realismo varias obras de su padre, recalcando el claroscuro propio de Caravaggio.

Berthe Morisot (1841-1895)

Cambiando de época y siguiendo con los miles de artistas que dejaron sus pinceladas en la historia del arte, le toca el turno a Berthe Morisot (1841-1895), musa y cuñada de Manet, alumna de Camille Corot y primera impresionista. Nacida en el seno de una familia burguesa parisina, las hermanas Morisot, Berthe y Edma, estaban destinadas a revolucionar y burlarse del academicismo de la época. En esto tuvieron algo de “culpa” por un lado Corot, que en 1860 se convirtió en el nuevo maestro de ambas y gracias al cual huyeron del museo y salieron a pintar al aire libre.

Pero, para Berthe, la persona que le marcó su vida fue Manet, el cual exprimió todo su talento y sacó todo lo que ella ha dejado en los lienzos de Orsay o el Thyssen. Pronto se convirtió en su musa, su modelo preferida que protagonizaría varias de sus obras más célebres, como El Balcón’ (1868-1869).  En 1874 se casaba con su hermano menor, Eugène Manet. Su unión con un pintor fue quizás lo que facilitó que la artista pudiera continuar su faceta artística siendo esposa y madre. Su hermana Edma no contó con esa suerte no así quien se desvinculó bastante del mundo artístico cuando contrajo matrimonio.

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Berthe MORISOT El espejo psique (1876)

Continuando la estela de otras grandes artistas de su tiempo, como Mary Cassatt o Marie Bracquemond, Berthe Morisot llenó sus lienzos de escenas cotidianas con gran dulzura y delicadeza. Fue la primera mujer que entró a formar parte del grupo impresionista. Expuso con Renoir, Pissarro, Sisley, Monet, Degas y colaboró en la Mítica Exposición Impresionista de 1874, donde mostró su obra ‘La cuna’ (1872). Su vida burguesa quedó reflejada en aquellos momentos de ternura entre madres e hijos y su rebeldía en los cuadros que mostraba los temas tabúes de la época, como la intimidad de la mujer en ‘El espejo psiqué’ (1876), el primer autorretrato de una persona, su reflejo por las mañanas ante su reflejo. Influenciada por Renoir, sus obras fueron admiradas en vida y recibió mejores críticas que algunos de sus compañeros de estudio. Tras su desaparición, sus cuadros siguen teniendo un lugar destacado en las paredes de centros artísticos.

Natalia Goncharova (1881-1962)

Antes de que se fundara la Unión Soviética en Rusia, las Vanguardias dieron la bienvenida a la primera cubista rusa Natalia Goncharova. Nacida en 1881, cerca de Tula, el talento de esta pintora no pasó desapercibido, y a sus 25 años Sergei Diaghilev incluyó algunas de sus obras en el Salón de Otoño de París, una serie de cuadros seleccionados de su primera etapa en la que es muy visible el contacto con las tradiciones populares de su país, a lo que añadió la forma de pintar de artistas como Matisse o Cézanne.

En 1910 expuso en la Asociación de la Libre Estética de Moscú, una muestra que resultó muy polémica ya que dos de sus obras como ‘Dos desnudos’ y ‘El dios de la fertilidad’ fueron considerados pornográficos y confiscados por la policía zarista. A pesar de ello, esa exhibición la consagró como artista, y fue el pistoletazo de salida del grupo ‘La cola de caballo’, que pretendía ser la respuesta rusa a las tendencias artísticas que estaba marcando la vanguardia de la Europa occidental.

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Natalia GONCHAROVA Lirios rayonistas (1913)

Junto al pintor Larionov, Goncharova impulsaría el Rayonismo, cuyo manifiesto se publicó en 1913, un estilo basado en la fusión entre Futurismo y Cubismo que pretendía liberar el color y la forma. Además de su legado pictórico, Natalia diseñó los trajes de algunos de los ballets más famosos de Diaghilev, alcanzando un enorme éxito especialmente con el vestuario y los decorados que preparó para una obra inspirada en ‘El gallo de oro’. Pero la artista no era muy partidaria a promocionar sus trabajos ni a mostrase en público. Así que, tras soportar dos guerras mundiales y los sucesos revolucionaros en su país, su influencia artística fue desvaneciéndose hasta quedar relegada en el olvido. Esta cubista no sería redescubierta hasta 1954, gracias a una exposición organizada en Edimburgo y Londres.

Isabel Quintanilla (1938)

Y cambiando de siglo, hacía 1938, con el Realismo nos topamos. Concretamente, con una de las artistas que formó parte de esta manifestación artística, Isabel Quintanilla. Nacida en Madrid, ingresa en la Escuela Superior de Bellas Artes en 1953. Por esos años, conoce a Antonio López y a su futuro marido Francisco López. En 1982 obtiene el título de Bellas Artes en la Universidad Complutense de Madrid y comienza a participar en varias exposiciones colectivas, como las organizadas por la Galería Leandro Navarro.

Los motivos de sus cuadros son simples pero espectaculares, obras que provocan la ovación del espectador y que reflexione sobre si lo que tiene delante es pintura o una fotografía. En ‘El vaso’ (1969), Quintanilla pinta este objeto de cristal iluminado con un haz de luz de una ventana. Parece algo vulgar y cotidiano, pero la curvatura del recipiente y el juego de sombras hace imposible trazar una línea entre la realidad y la ficción. Lo mismo ocurre en ‘Otoño’, aunque esta vez apuesta por un paisaje urbano y nocturno. Destaca la elección cromática que realiza la artista para diferenciar las casas y los árboles de la oscuridad de la noche.

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Isabel QUINTANILLA Otoño (1992)

La exposición ‘Realistas de Madrid’ en el Museo Thyssen recoge algunos trabajos de esta artista que, junto a otras cuatro mujeres, fue un hallazgo espectacular, una prueba que evidencia la existencia de más pintores a parte del ilustre Antonio López.

Frida Kahlo no fue el único huracán del mundo artístico, ni tampoco la primera que salió a la arena a combatir contra los estereotipos de sus tiempos. Millones de artistas luchan a diario para no quedarse tras la sombra de la artista mexicana. Porque el arte no puede ser escrito por hombres, sino construido, esculpido y pintado por toda la humanidad.

“Siempre es curiosa la vida de una mujer, día a día, como si nadie en el mundo debiera leerla pero también con la intención de ser leída.”, María Bashkirtseff (escritora, pintora y escultora francesa)

BIBLIOGRAFÍA

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