Tamara de Lempicka, ruptura de una época

Por Paula BÁEZ @paubaez9

María Górska fue una pintora polaca de principios del siglo XX destacada como retratista y representante del art decó. Su vida estuvo marcada por su afán de viajar. París, Nueva York o México fueron algunas de las ciudades que visitó a lo largo de sus años, pintando en todas ellas a nobles, artistas y famosos. Consiguió conquistar con sus obras, que combinaban un estilo clásico con el movimiento cubista, tanto a la bohemia como a la alta sociedad.

Maria Górska nació en Varsovia en 1898 en el seno de una familia de la alta sociedad polaca. En 1911 tras la separación de sus padres viajó con su abuela a Italia, donde descubrió desde muy joven su pasión por el arte. Gracias al poder adquisitivo de su familia, pudo viajar y estudiar en diferentes partes de Europa, conociendo así los distintos movimientos pictóricos de la época.

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La tunique rose (1927)

En una de sus estancias en la ciudad rusa, conoció a un rico abogado llamado Tadeus Lempicka, del que se enamoró y cuya historia estuvo marcada por el devenir de la guerra. El joven fue encarcelado por las fuerzas bolcheviques durante la revolución rusa, sin embargo, Tamara consiguió liberar a su marido y huir juntos a París, donde años más tarde nacería Kizette, su única hija.

En la capital francesa la pintora comenzó a ganar fama entre la alta sociedad gracias a sus retratos,   y en 1925 mostró su obra al público en una exposición de art decó, convirtiéndose en un referente artístico del París de los años 30.

La separación de su matrimonio y el comienzo de la Segunda Guerra Mundial hizo que la pintora tuviera que mudarse a Nueva York, donde comenzó a dedicarse también al interiorismo y dejó de lado su estilo anterior para dar paso a la abstracción. Este nuevo estilo no fue bien aceptado por la crítica, lo que hizo que la artista cayera en el olvido.

Años más tarde, en 1996 la pintora rusa fue redescubierta después de su fallecimiento en una exposición conmemorativa del arte en los años 20 realizada en el Museo de Artes Decorativas de París. Se trata de una pintora que rompió con los moldes establecidos en su época. No era habitual que una mujer de su estatus social reflejase en sus cuadros un mundo marcado por el alcohol, la sexualidad y las drogas.

Son sus obras un reflejo de su vida. Atrevidas, rompedoras, elegantes y sin tener en cuenta la crítica. Tamara de Lempicka se centró en la producción de retratos femeninos y desnudos de ambos sexos. Pintaba a la figura femenina con ropajes flotantes y miradas ausentes en escenas cargadas de sensualidad, incluso entre mujeres. Los personajes retratados solían ser fríos y distantes. Rechazan entrar en contacto con el público evadiendo la mirada y parecen tener una actitud elitista ante el mundo, reflejo de la visión de la propia artista.

Adán y Eva (1932)

Adán y Eva (1932)

La creatividad y el carácter revolucionario son dos de los elementos más destacados de esta femme fatale, que a pesar del bloqueo que sufrió, consiguió convertirse en uno de los iconos del art decó. Su pincelada era pulida y en sus cuadros son habituales los marcados contrastes de luces y sombras. Encontramos sus influencias principales en Botticcelli, Bronzino, el retrato manierista y el Cubismo. Se trata de una fusión entre lo clásico y lo moderno, reflejado en los ropajes y peinados de última moda.

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Andrómeda (1927)

La elegancia y el estilo con el que pintaba a la mujer ha hecho que se convierta en un referente dentro del mundo de la moda o la publicidad. Personalidades celebres como Barbra Streisand o Jack Nicholson se sintieron atraídos por la estética de Tamara de Lempicka coleccionando sus obras. Sin embargo, fue la cantante Madonna, claro ejemplo de mujer moderna, independiente y revolucionaria, la que rememoró a la pintora rindiéndole un homenaje en su video musical Vogue, de 1990. A pesar de ser olvidada por el público durante sus últimos años, la rompedora vida de la artista,  el colorido, la temática y el estilo de sus cuadros siguen llamando la atención hoy en día.

En el mundo de la publicidad y la moda se puede ver la influencia de Tamara de Lempicka. Tanto es así que la conocida diseñadora francesa Josiane Maryse Pivida adoptó el apellido de la pintora para dar nombre a su marca, Lolita Lempicka. Por su parte Karl Lagerfeld, Armani, Max Mara o Louis Vuitton utilizaron la estética de las mujeres de la artista rusa para sus desfiles de moda y colecciones de los años 90.

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Autorretrato en el Bugatti verde (1925)

Sin embargo, la vida de Tamara de Lempicka es un misterio, que como sus obras pocos conocen, ya que a lo largo de sus años mintió en gran parte de la información que daba sobre ella. Su nombre, su año de nacimiento, o incluso el abandono al que sometió a su hija, obsesionada con que la gente no supiera de su existencia, son algunas de los datos que la pintora ocultó, dando a su figura un plus de misterio e intriga, que la convierte en un personaje interesante, independientemente de su producción artística. A pesar de no saber a ciencia cierta los detalles de su vida, lo que está claro es que fue una mujer que rompió con los cánones de su época, siendo icono y precursora de la mujer moderna en unos años donde se comienza la lucha por las libertades femeninas que hoy tenemos.

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