Las criaturas de El Bosco se cuelan en el Prado

Por Ángela PLIEGO @pliego395

8238f278-94c7-4617-81a0-5076db55230aMadrid está de celebración. El Museo del Prado, junto con la fundación BBVA, conmemora el quinto centenario de la muerte del artista que plasmó el ciclo de la vida en un tríptico. La exposición ‘El Bosco’, comisariada por Pilar Silva, recoge desde el 31 de mayo hasta el 11 de septiembre 21 pinturas y 8 dibujos que muestran el paraíso de los fieles y el infierno que les espera a los pecadores.

La Edad Medieval no sólo vio el nacimiento de las criaturas de Jheronimus Bosch, también fue el comienzo de una nueva etapa artística que dejó atrás los colores lúgubres y la tristeza del Gótico. El Renacimiento se abrió paso y dejó su huella dorada y detallista en los óleos de los artistas más ilustres del momento. Pero El Bosco, que vino al mundo por el año 1450 en la ciudad holandesa Hertogenbosch, cumplió la temática de la época a su manera, introduciendo su universo de monstruos fantásticos, colores vivos y la división de la imagen en tres partes.

Las salas A y B de la planta baja, ubicadas en el Edificio de Los Jerónimos, encierran los óleos del holandés. Colocados en un espacio blanco, los cuadros sorprenden a los espectadores en un laberinto infinito, algunos colocados en el centro de la sala y otros incluso incrustados en las sinuosas curvas de la pared. Seis ambientes temáticos en los que Pilar Silva divide la exposición del pintor como si se tratara del prólogo de una historia. La primera sala está dedicada a Hertogenbosch, su único retrato conocido (un grabado de Cornelis Cort) cuelga junto a una imagen de la plaza del mercado de la ciudad, donde se hallaban su casa y su taller.

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El Bosco, La misa de San Gregorio con donantes, 1494 (tríptico cerrado)

El primer tríptico que impresiona a los visitantes es el Ecce Homo (1500), un óleo sobre tabla salido de su taller, de mano de un pintor muy próximo al maestro. El tema de la obra ya fue tratado por el holandés en otra tabla conservada en Frankfurt. Desde una terraza, Cristo es presentado al pueblo judío. En la esquina superior vuelve a aparecer, aunque ahora con la cruz a cuestas, en la plaza de la ciudad medieval. Por estos años, el estilo del artista cambia drásticamente, con el viento a favor del Renacimiento. Unas figuras monumentales reclaman el protagonismo de sus cuadros, enmarcadas en fantásticos paisajes.

 

 

 

 

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El Bosco, La Adoración de los Magos, 1475 (tríptico abierto)

Sin embargo, las obras maestras de El Bosco no entrarían en su catálogo hasta 1475, momento en el que pintó La Adoración de los Magos, que se exhibe ahora recién restaurada y desprende un aire juvenil en el Prado. En un escenario teatral, decorado por unos ángeles, se abren las puertas de un tríptico que encierra una escena, en un principio, dulce y familiar, pero que esconde el renacer de un universo de personajes maquiavélicos y grotescos. Los pastores son representados como monstruos, con actitud desenfadada que trepan por el pesebre para contemplar al niño Jesús. Incluso uno de los reyes magos aparece semidesnudo y simula una mueca a la Virgen María. Todos estos enigmas envueltos en una gama cromática que choca en la retina del espectador. Aunque este óleo no es de los más conocidos, se considera la “piedra Rosetta” bosquiana, pues su estudio ha servido para ordenar la cronología del pintor.

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El Bosco, Las tentaciones de San Antonio Abad, 1510-1515

El Bosco no solo estaba obsesionado por los trípticos, también ilustraba las tentaciones reprimidas de los santos. En Las Tentaciones de San Antonio Abad (1510-15) el monje está concentrado consigo mismo, con su soledad que se refleja en el hueco vacío del tronco donde aparece sentado. Ni sus oraciones, ni la llamada a la oración pueden romper la calma en la que se sume, junto con la naturaleza. Incluso ignora el ataque del demonio que está a punto de golpearlo con un martillo, una criatura singular compuesto por los brazos de un humano, las patas de un animal desconocido y la cabeza de lo que parece de un ave mezclado con las aletas de un pez. Lo curioso de este lienzo es la dispersión de los monstruos por el espacio, preparándose para elaborar una estrategia contra San Antonio, llevando escaleras, encendiendo una hoguera o portando escudos.

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El Bosco, La creación del mundo, 1490-1500.

Lo mejor de la exposición se deja para el final. La última sala está presidida por el colosal Tríptico de El Jardín de las Delicias (1490-1500). Primero, El Bosco exhibe el tercer día de la creación del mundo, una esfera transparente sumida en la oscuridad del Universo. Es la Tierra sin el hombre, el sol y la luna. La tristeza de los tonos contrasta con lo que nos mostrará dentro de las tablas de madera. Al abrirse, el artista presenta tres escenas: el Paraíso, el jardín del Edén y el Infierno. El conjunto de todas las partes significa el principio y el fin de la humanidad, el Génesis y la llegada del Apocalipsis. En El Paraíso terrenal, la tabla de la izquierda, Eva es instruida en el matrimonio, una instrucción a la que dará un mal uso, ya que se dejará llevar por los sentidos y la conducirá hasta el infierno. En el centro pinta lo que da el nombre al cuadro, El Jardín de las Delicias. Un lugar fantástico pero falso donde viven las personas sumidas en el pecado, especialmente la lujuria. La escena se construye con actos sexuales entre hombres, mujeres, plantas y animales. Nadie escapa de la mente perversa del artista. Por último, cuando ya no queda nada y el mundo se destruye El Infierno, una tabla con tonos oscuros que enmarca en un mundo demoniaco, y ruidoso por los instrumentos que aparecen dispersos en esta parte del tríptico. Los humanos son devorados por criaturas terroríficas y sometidos a diversas torturas. En la zona central aparece la figura de un cisne con el rostro de El Bosco, espectador y cómplice de las barbaridades que ocurren a su alrededor.

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El Bosco, El paraíso terrenal, el jardín de las delicias, el infierno, 1490-1500.

El Bosco es el Dalí del siglo XVI, un adelantado a su época que fue capaz de plasmar en la misma escena lo efímera que es la vida del ser humano. Es pintor que más incógnitas ha dejado sin resolver en la historia del arte. Sus criaturas inmortales se han quedado encerradas en sus óleos sobre tabla. Sus cuadros rompen la cabeza de los estudiosos y confunden la mirada del espectador, el cual se marcha de la exposición con la sensación de que se ha dejado algún detalle sin descubrir, un rincón sin atención u otro monstruo sin conocer.

“Cuanto más miras los cuadros del Bosco más se agranda el enigma del arte”, el escritor holandés Cees Nooteboom para El País.

DATOS DE INTERÉS:

Página web: https://www.museodelprado.es/actualidad/exposicion/el-bosco-la-exposicion-del-v-centenario/f049c260-888a-4ff1-8911-b320f587324a
Precio de la entrada: 16 euros (general).
Dirección: Paseo del Prado, s/n, Madrid (España)
Transporte público: Línea 1 de Metro, Parada Atocha.

 

HORARIO:

El Bosco. La exposición del V Centenario
Viernes y sábados de 10.00 a 22.00 h
Domingos y festivos de 10.00 a 21.00 h

 

HORARIO GRATUITO:

De lunes a sábado de 18.00 a 20.00 h
Domingos y festivos de 17.00 a 19.00 h
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