Georges de la Tour, el halo de lo oscuro

Por Naiara FERNÁNDEZ @30_naiara

El Museo del Prado acoge desde el 23 de febrero y hasta el próximo 12 de junio, una exposición en la que se podrá disfrutar de algunas de las obras más destacadas del artista francés, Georges de la Tour. A diferencia de otros compañeros del gremio, el pintor barroco probó las mieles del éxito en vida para caer poco después en el más absoluto de los olvidos del que fue rescatado por Hermann Voss, varios siglos después.

El Museo del Prado organiza una muestra con 31 obras de Georges de la Tour divididas en tres etapas diferentes (‘La de los tipos populares’, ‘La de afirmación’ y ‘La de los nocturnos’), que se corresponden con las distintas fases que experimentó el artista francés a lo largo de su proceso de creación. Esta exposición es hija de dos anteriores exhibidas en París y según el comisario de la misma, Andrés Úbeda, su objetivo es “acercar los trabajos de uno de los artistas franceses más importantes de todos los tiempos, al público de España.”

Al igual que su pintura, muchos de los aspectos de la vida de Georges de la Tour no son claros. Hijo de panaderos y habitante de una tierra inestable como Nancy (Lorena), los conflictos en esta y los estragos causados por las guerras en sus compatriotas, fueron utilizados por el autor de manera recurrente en sus obras.

Magdalena penintente.jpg

Georges de LA TOUR La Magdalena penitente (1642-1644)

Siendo escasos los datos sobre su juventud y primeros años de formación, los tonos oscuros en sus obras, junto con su paleta monocroma y la ejecución de la luz en sus lienzos, hacen pensar en un posible viaje a Italia que le haría entrar en contacto con los tenebristas italianos, aunque no existen referencias precisas sobre este hecho. Un ejemplo de estos ademanes tenebristas en su pintura es La Magdalena penitente (1642-1644) en la que cada pincelada y atisbo de luz rezuman de un caravaggismo firme y estudiado.

La conflictiva región de Lorena a la que pertenecía el autor, se vio asolada por las acciones de guerra que Francia y Austria llevaron a cabo en dicho territorio. Las revueltas, epidemias como la peste o las rebeliones, además de la gran hambruna que la población sufrió como consecuencia de estos hechos, fueron una fuente de inspiración para Georges de La Tour. Este representa en sus lienzos distintas situaciones de miseria, con una maestría lograda por muy pocos hasta su época como puede apreciarse en el ‘Ciego tocando la zanfonía’ (1620-1630), donde el personaje retratado muestra cierto aire de distinción y dignidad, a pesar de su baja condición social.

Ciego tocando la zanfonía

Georges de LA TOUR Ciego tocando la zanfoníA (1620-1630)

‘En la etapa de afirmación’ el artista evolucionó hacia una técnica diferente. Trazos más luminosos, pinceladas planas y acuareladas además de la repetición de series concretas, marcarán su estilo, dejando a un lado, aunque no olvidando, la influencia del caravaggismo en su creación.

La predilección de Georges de La Tour por los temas religiosos es obvia, pero no del todo clara. En el tratamiento que el pintor barroco hace de las figuras religiosas, todas pasan por el filtro de la humanización, de manera que en muchas escenas como la ‘Aparición del ángel a San José’ (1640) nada indica que el personaje al que un supuesto ángel está hablando sea un Santo, debido a la ausencia total de halos sacros en la representación.

Pero si hay algo que caracteriza al genio francés, esto es el tratamiento que hace de la luz. En muchas de sus obras se puede apreciar cómo esta proviene de un punto concreto (velas, bujías, etc.) debido a la localización de gran parte de sus escenas en lugares cerrados, sin ningún tipo de luz natural.

Aparición del ángel

Georges de LA TOUR, Aparición del ángel a San José (1640)

Donde esta toma más protagonismo que nunca es en sus últimas creaciones, enmarcadas en la nocturnidad y religiosidad. Se trata de cuadros cargados de silencio, con una atmosfera hermética, una paleta monocroma en la que predominan colores como el rojo y el negro, así como la representación de escenas y personajes religiosos, que se encuentran en el límite entre lo laico y lo sacro.

El recién nacido’ (1645-1648) es la obra que representa en mayor medida esa ambigüedad. De esta sagrada familia, se desprende un profundo sentimiento maternal y destaca especialmente la ausencia de la figura de San José, siendo este uno de los motivos por los que se duda sobre la verdadera temática de la obra.

El recién nacido.jpg

Georges de LA TOUR, El recién nacido (1645-1648)

Con una composición sencilla, la luz en la escena la aporta la mujer que acompaña a la madre y al hijo. Santa Ana sostiene una vela que no es fácilmente apreciable a simple vista; técnica que el artista ya utilizó en creaciones previas.

Una estudiada evolución en los juegos de luces y sombras, junto con la utilización de la oscuridad como protagonista de muchas de las obras del artista francés, además de una particular religiosidad laica son algunos de los atractivos de los que podrán disfrutar todos aquellos que se acerquen al Prado hasta el próximo 12 de junio.



ENLACE DE LA EXPOSICIÓN

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