Wifredo Lam, comprometido, surrealista y viajero

Por Ada NUÑO @adasaurio

A primera vista la exposición de Wifredo Lam es engañosa. Más que de un único autor parece que habláramos de mil artistas distintos que han contribuido, cada uno con una gota, una pieza diferente, a conformar las obras. No es así, por supuesto, puesto que toda la producción ha surgido exclusivamente de una cabeza, la de este prolífico artista mitad mulato mitad chino que se expone en el Reina Sofía desde el pasado 5 de abril hasta el 15 de agosto de 2016.

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Comisariada por Catherine David y Manuel Borja-Villel y organizada por el Centre Pompidou en colaboración con la Tate Modern de Londres y el mencionado Reina Sofía, la exposición abarca las diferentes etapas de la vida de este autor, figura fascinante y difícil de entender. Ni estable ni definida, su producción no encaja con una definición fija. Aquí no sirve hablar de “surrealismo” o de “cubismo”, puesto que su obra es híbrida y se transforma continuamente, sorprende, va más allá de etiquetas. El Museo ya dedicó en 1992 una exposición a su obra pictórica, sin embargo la retrospectiva actual pretende resituarla dentro de una historia del arte internacional así como sus colaboraciones con los más destacados escritores, pensadores y artistas de su tiempo, y también su particular exploración en el campo de la cerámica.

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Nacido en Cuba, quizá por esa mezcla racial tan potente que se ve claramente reflejada en sus obras, Lam tomó conciencia desde muy joven de la cuestión racial y de sus implicaciones sociales y políticas en su país de origen, Europa y Estados Unidos. La exposición justamente ha decidido realizar un recorrido por sus múltiples viajes así como por todos los países en los que vivió y, de esta manera, pueden observarse de forma mucho más clara y directa sus implicaciones y las figuras de las que bebió durante su vida. Picasso y el cubismo, el surrealismo estadounidense, la pintura tribal, todo ello se mezcla en su obra hasta dar con una técnica pictórica diversa y simbolista, integradora a partes iguales del modernismo occidental y los símbolos africanos y caribeños.

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Son cinco los bloques en los que se encuentra dividida, desde España (1923-1938) donde vivió más de 15 años gracias a una beca, pasando por París, Marsella (1938, 1941), en Francia le unió la amistad con André Breton en un momento en que la gran época del surrealismo ya había terminado, Cuba y América (1941-1952), la vuelta a su tierra le afectó dolorosamente, quedó impresionado por la corrupción, el racismo y la miseria que causaban estragos en su isla, París, Caracas, La Habana, Albissola, Zurich (1952-1967) instalado de nuevo en París sus exposiciones internacionales se multiplicaron, comenzó a experimentar formas nuevas, ejemplo de ello es la serie Malezas, y por último París y Albissola (1962-1982), moriría en la capital francesa un 11 de septiembre.

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Trabajador infatigable, soñador, viajero, comprometido, globalizado mucho antes de que el propio término existiera; al igual que su obra, Lam tuvo millones de caras diferentes y es difícil saber ahora con cuál de ellas quedarse, ¿serían todas reales?

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