Gaudí fuera de Cataluña

Por Killa CORNEJO  @Killa_Cornejo

Antoni Gaudí (1852-1926) es sin lugar a dudas el representante por antonomasia del Modernismo catalán, pese a que evolucionó hacia un estilo tan personal que a veces es difícil de clasificar. Ya demostró su creatividad en su época de estudiante, dejando desconcertados a sus maestros por su atrevimiento y originalidad. Siete de sus obras están declaradas como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco:  Casa Vicens (1883-1885), Palau Güell (1886-1890), Cripta de la Colonia Güell (1898-1914), Parque Güell (1900-1914), Casa Batlló (1904-1906), la Pedrera (1906-1910) y la fachada de la Natividad y cripta de la Sagrada Familia (1882), indiscutiblemente su obra más emblemática. La fama y resplandor de estas maravillas, situadas en Barcelona, ensombrece los demás proyectos del arquitecto, que realizó obras en otras ciudades españolas y en las que además se involucró en el diseño de muebles, la proyección de jardines o decoración de interiores.

En 1883 a Máximo Díaz de Quijano, un concuñado del marqués de Comillas (Cantabria), se le ocurrió la idea de levantar una villa de veraneo en las proximidades del palacio. Enriquecido en América, le encargó el proyecto a Gaudí, quien contando en aquel entonces con 31 años diseñó una obra de gran originalidad y riqueza cromática llamada El Capricho (1883-1885), por analogía a la pieza musical compuesta de forma libre y fantasiosa, pues Díaz de Quijano era un gran aficionado a la música. Combinó ladrillo, azulejos, piedra, teja y hierro forjado para crear una obra inspirada por los estilos árabe y mudéjar que tanto influenciaron sus primeros trabajos.

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GAUDÍ, El Capricho (Comillas, Santander), 1883-1885

La estructura del diseño contrasta con el atrevimiento y fantasía de la decoración de la casa, pues no incorpora todavía ninguno de los recursos arquitectónicos que posteriormente le acarrearían la fama. Gaudí distribuye la casa en tres niveles en forma de U alrededor de un invernadero que supuestamente ya estaba en el solar. El semisótano y el desván estarían destinados al servicio, mientras que la planta noble sería para uso de Díaz de Quijano. La organización interna se concibió con el objetivo de que las actividades diarias siguieran la luz del sol, al igual que los girasoles, motivo principal de los azulejos exteriores. Con esta intención las habitaciones destinadas a actividades matinales están orientadas al sur, y las de la tarde a poniente. En la entrada principal cuatro monumentales columnas de piedra sostienen la torre de la casa, recubierta por azulejos y a la que se accede por una escalera de caracol. Lamentablemente, el dueño de la casa falleció al año siguiente de su construcción. Hoy en día este maravilloso inmueble está restaurado y convertido en restaurante.

Unos años más tarde, en 1887, el obispo de Astorga le encargó a Gaudí el proyecto del Palacio Episcopal (1889-1915) en dicha ciudad. No fue un trabajo ameno debido a que el arquitecto estaba acostumbrado a trabajar con total libertad y a rectificar los planos sobre la marcha, pero en este caso la supervisión estatal le obligó a presentar un proyecto cerrado, sin posibilidad de cambios y sometido a correcciones academicistas. Pese a esto, Gaudí fue capaz de dotar al edificio de una apariencia de castillo casi teatral, que simboliza el triunfo del cristianismo en la Reconquista, y homenajear al pasado medieval de la ciudad mediante el estilo neogótico, la utilización de granito blanco y el predominio de líneas verticales.

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GAUDÍ, El palacio episcopal de Astorga (León), 1889-1915

El palacio tiene cuatro niveles que se estructuran alrededor de un amplio vestíbulo perfectamente iluminado. Incluyen el semisótano, la planta baja, donde estarían las dependencias administrativas, la planta principal, con las estancias del obispo y la capilla, y por último el desván. Las vidrieras multicolor crean un ambiente majestuoso pero recogido y los espacios son continuos y fluidos. Usa elementos constructivos propios de las iglesias como la planta de cruz griega, el ábside, bóvedas de crucería y arcos ojivales, pero también de índole civil como las terrazas y los miradores. Tras la muerte del obispo Gaudí abandonó el proyecto y fue Ricardo García Guereta quien lo finalizó con soluciones más modestas. Nunca llegó a utilizarse para el fin con que se construyó y actualmente está convertido en el Museo de Caminos, dedicado al Camino de Santiago.

Coincidiendo con la construcción del Palacio Episcopal, Gaudí aceptó en 1891 el encargo de un edificio comercial y de viviendas conocido como Casa Botines (1891-1894) por la castellanización del segundo apellido del fundador de la empresa textil, Joan Homs i Botinàs. Tras su muerte dos de sus empleados, Simón Fernández y Mariano Andrés, se hicieron cargo de ella y encargaron el proyecto de una nueva sede en León a Gaudí, el cual aceptó por la proximidad con su otro trabajo en Astorga.  El artista optó por un estilo neogótico, dotando a la construcción de un aire a castillo medieval, con torres y foso.

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GAUDÍ, Casa Botines (León), 1891-1894

El aspecto medieval exterior contrasta con la estructura moderna e innovadora del edificio, que combina el uso comercial y residencial. Disponía de siete niveles: el semisótano y los bajos se destinaron a las oficinas, tienda y almacenes, la planta principal incluiría las dos viviendas de los propietarios, las dos plantas siguientes dispondrían cada una de cuatro viviendas para alquilar, y por último el desván y las buhardillas. El inmueble dispondría de cuatro entradas, una en cada fachada, dos de las cuales serían para acceder a la tienda y almacenes y las otras dos para acceder a las viviendas. Gaudí utilizó para la Casa Botines una solución que se adelantaba a su tiempo y sería utilizada masivamente a lo largo del siglo XX, se trataba de sustituir los gruesos muros de carga por 28 pilares de hierro, consiguiendo así unos espacios amplios, diáfanos y ventilados. Hoy en día el edificio está restaurado, conservando todo su esplendor, y es la sede central de Caja España.

La última obra que Gaudí realizó fuera de Cataluña fue la restauración de la Catedral de Mallorca (1904-1914), construida en el siglo XIII por Jaume I el Conquistador tras reconquistar la ciudad sobre los cimientos de la antigua mezquita. Pasados tantos años la necesidad de una restauración se hizo patente, por lo que en 1899 el obispo Pere Campins, decepcionado con todas las propuestas, le pidió consejo a Gaudí. El arquitecto, de una profunda religiosidad, manifestó la necesidad de una reforma litúrgica que aumentara la participación de los fieles y se hizo cargo personalmente del proyecto.

El arquitecto llenó la seo gótica de luz natural mediante la proyección de nueve vidrieras de colores que colocó en el lugar de unos antiguos ventanales inacabados, y de luz artificial con el diseño de decenas de candelabros y lámparas de hierro. El altar fue enaltecido gracias a la colocación de un baldaquino heptagonal colgado por encima de él, del penden 35 lámparas de latón y en su vértice se incluye una escultura de Jesús en la cruz con la Virgen y san Juan a sus pies, la cual está iluminada desde el interior. Visualmente, sin embargo, la reforma más significativa fue el traslado del coro desde el centro hacia los laterales, ganando así sensación de amplitud. Al margen de estos cambios también se realizaron numerosos diseños de mobiliario y elementos ornamentales de forja, cerámica y pintura. El proyecto quedó inconcluso debido al fallecimiento del obispo en 1914 y las discrepancias con el contratista.

Sin lugar a dudas, Antoni Gaudí es uno de los arquitectos más importantes de la historia. Sus 50 años de carrera le brindaron la oportunidad de proyectar magníficas construcciones, de concebir innovaciones como el trencadís y el arco catenario y de ganarse el respeto y admiración tanto de los fieles como de los amantes del arte. Estas fascinantes obras: El Capricho de Comillas, el Palacio Episcopal de Astorga, la Casa Botines de León y la restauración de la Catedral de Mallorca son desconocidas para el gran público. No obstante, gracias a su original estética, a las soluciones estructurales utilizadas en ellas, y a mantener intactas la genialidad del arquitecto, se merecen el mayor de los reconocimientos.

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