Entrevista a Manuel Fontán del Junco: Director de exposiciones de la Fundación Juan March de Madrid

Por Violeta IZQUIERDO @artesigloxx

Fontán-FOTO

La Fundación Juan March de Madrid fue un referente para el conocimiento del arte de vanguardia en nuestro país durante la transición española. Se le unió el Museo de Arte Abstracto de Cuenca en los años ochenta y en la década de los noventa el Museo Fundación Juan March de Palma de Mallorca. Estos tres emblemáticos espacios museísticos se hayan dirigidos desde 2006 por la batuta de Manuel Fontán del Junco (Jeréz de la Frontera, 1963), doctorado en Filosofía y especialista en Estética y Teoría de la Artes. Avalado por su solida formación y por una profesionalidad contrastada, su labor al frente de este triple proyecto, se ha revelado como una de las apuestas culturales más consistentes y referenciales del panorama del arte contemporáneo.  Manuel transmite seguridad al hablarnos de sus objetivos, de su modelo de gestión, de sus intereses expositivos, de la esencia y concepto de sus proyectos, del rumbo y las metas de esta excelente institución.
V.I-¿Cuál es el origen de la Fundación Juan March?¿Cuáles fueron sus objetivos?.

M.F-La Fundación la crea en el año 1955 Juan March Ordinas, financiero y empresario mallorquín que en ese momento piensa que ha tenido suerte en la vida y es el momento de devolver algo a la sociedad. Se asesora y crea una fundación con unos estatutos relativamente sencillos, privada, familiar y destina un capital para financiar una labor, cultural, asistencial, social. La Fundación empieza con su actividad muy pronto, como en el año 55 España era un país en una situación de aislamiento, de dureza y de necesidades, la fundación comienza a dar becas a artistas, literatos, científicos, empieza a financiar proyectos de investigación, financiar publicaciones, restauración del patrimonio, educación, de todo y sigue siendo una fundación no excesivamente especializada, en continua reflexión, buscando las carencias y necesidades, para destinar sus recursos allí donde se necesiten.

Sobre esos objetivos generales en el año 1973, la Fundación se decide por tener un edificio propio donde desarrollar sus actividades, y pasa a ser lo que al director de la Fundación le gusta llamar, una Fundación Operativa, que tiene su capital, sus recursos y que lo gasta en proyectos propios.

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V.I-En el año 1975 se inauguró el edificio de la Calle Castelló, 77 en Madrid. ¿Qué podemos encontrar dentro? ¿Qué actividades se desarrollan?

M.F-Tenemos una programación muy ambiciosa, exposiciones, conciertos, seminarios, lecturas, recitales de poesía, congresos, congresos universitarios, investigación sobre todo en el campo de microbiología y de las ciencias sociales y políticas en el Centro de Estudios Avanzados de Ciencias Sociales.

Cuenta con dos bibliotecas especializadas una dedicada al Teatro y otra a la música de vanguardia, y una curiosidad la biblioteca dedicada al ilusionismo.

Gestiona además los museos de Arte Abstracto de Cuenca y el de Arte Contemporáneo de Palma de Mallorca.

V.I-¿Qué papel ocupa el Arte en todas estas actividades?

M.F-El Arte no es la única ni la más importante de las actividades de la fundación, pero probablemente por su propia naturaleza ha sido de las más visibles, porque obviamente son las artes visuales.

Además de la propia visibilidad del género, mucho mayor que una conferencia, que un ciclo de conciertos o del centro de investigación. Lo que ocurre es que durante los años 70 y 80, la institución fue pionera en este país en este campo, fue la primera que creó un programa de exposiciones temporales mantenido durante varias décadas en un momento en que este país la situación no de la creación, sino de las infraestructuras (colecciones, museos, galerías, ferias, centros de arte, crítica, revistas, bibliotecas especializadas) estaba en una situación semidesértica. Y en esa época la fundación pone en marcha una serie de exposiciones que sólo al final de los 80 se verá acompañada por otras instituciones privadas, como por ejemplo La Caixa, El Reina Sofía, El Museo Thyssen y la eclosión de más de 100 museos en todo el país en los últimos años.

El Arte está muy asociado al perfil de la Fundación, lo mismo que no se puede explicar la recepción del arte moderno en España sin contar con la Fundación Juan March, no se puede contar la actividad de la Fundación sin la actividad artística.

V.I-¿Cómo se creó la colección de la Fundación? ¿Cuál es la  distribución de esos fondos artísticos? ¿Siguen ampliando la colección?

M.F-La actividad de la Fundación como entidad coleccionista  ha estado muy ligada a su desarrollo, no hay un momento fundacional en el que alguien diga, tenemos que coleccionar, no, se empieza a coleccionar ligado a la actividad.

Si tú creas unas becas plásticas, obviamente, la creas para proyectos artísticos, y de esos proyectos queda obra en la fundación, si además organizas exposiciones de esos artistas, queda obra en la fundación.

Si además hay un artista como Fernando  Zóbel  que empieza a pensar a finales de los 70 que una operación tan exitosa como el Museo de Cuenca, piensa  que quizás la institución que podría ocuparse de eso profesionalmente de ese legado podría ser la Fundación Juan March y acuerda una donación generosísima y a partir de ese momento la Fundación es legataria de la colección de Zóbel. Con esta responsabilidad, empieza a comprar grandes colecciones para mejorar la colección de Zóbel, que ya era extraordinaria.
En 1990 se piensa que esta quizás debía tener alguna presencia en la ciudad natal del fundador que es Palma de Mallorca y que se puede presentar parte de la colección en lo que fue la primera casa de Juan March Ordinas en la calle San Miguel, 9.  Se inaugura la colección March, que después se amplía y se llama Museo de Arte Contemporáneo y  actualmente se llama Museo Fundación Juan March, es nuestra segunda sede con una colección bastante relevante.

V.I-Fondos de la colección

M.F-La colección está por cerca de las 2500 piezas, básicamente pintura, escultura, dibujo, libros de artista. Es una colección de coleccionista, no es una colección de la política de la representatividad, como un museo nacional que necesita no dejarse a nadie fuera, ningún género, se ha coleccionado muy ligado a las fechas en las que la Fundación comienza a tener su actividad en arte, determinados formatos, no hay nuevos comportamientos artísticos, no hay arte conceptual, no hay fotografía,  hay abstracción matérica e informalismo

El Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca alberga y exhibe de forma permanente una colección de pinturas y esculturas de artistas españoles de la generación abstracta de los años 50 y 60, que configuraron algunas de las tendencias abstractas más significativas del arte en España a mediados del siglo XX.

El Museo Fundación Juan March, de Palma, ofrece una colección de obras de arte español del siglo XX, de los autores más significativos de las primeras vanguardias (Pablo Picasso, Joan Miró, Juan Gris o Salvador Dalí), de los diversos movimientos de mediados de siglo y de las generaciones más recientes.

Política de compras

M.F-La Fundación ahora no tiene un presupuesto definido anual para comprar, nos reservamos el derecho de comprar cuando nos parezca. Somos conscientes que una colección se define más por lo que no es capaz de incluir que por lo que incluye, pero al mismo tiempo nos parece que lo que tenemos y sus presentaciones en Palma  y Cuenca, y los proyectos que hacemos con nuestra colección o sobre artistas de nuestra colección es por ahora el camino en el que tenemos que hacer una inversión en tiempo y en dinero.

V.I-¿Usted como director de exposiciones de la Fundación Juan March, coordina la política de exposiciones de los tres centros, Madrid, Cuenca y Palma de Mallorca?¿Son distintas las exposiciones o existe una estrategia de itinerancia entre todos ellos?

M.F-En Madrid o hay exposición o no hay actividad artística, en los Museos hay una colección permanente. El ideal es que una exposición no sea simplemente una exhibición en un lugar de un conjunto de piezas, que apele al disfrute estético. Nuestra estrategia es concebir y exhibir el resultado de una investigación aplicada, muy impulsada desde la Fundación. En Madrid son eminentemente proyectos internacionales, uno al año.

Entre los proyectos que hacemos en los museos muchos de ellos itineran de Palma a Cuenca o viceversa. Uno de los aspectos en los museos es dedicar proyectos a artistas de nuestra colección, uno o dos al año. Por ejemplo el Pablo Palazuelo de la época de París o  Eduardo Arroyo: retratos y retratos.

Tanto en los museos como en Madrid, a veces ponemos proyectos en común con otras instituciones como el Willi Baumeister  en Palma de Mallorca con Kunnstmuseum Winterthur de Suiza y el MART (Museo di Arte Moderna e Contemporanea di Trento e Rovereto), o el Pablo Palazuelo que se puedo ver en el Museo Oteiza en Alzuza, Navarra.

V.I-¿Cómo se financian?

M.F-Somos una fundación cooperativa, tenemos nuestro propio capital del que sale nuestro presupuesto, con mucha autarquía pero con mucha previsión y prudencia. La arquitectura financiera de la Fundación es en mi opinión, bastante cómoda. No se buscan patrocinadores, porque no compensa el tiempo que deberíamos invertir en buscarlos. Es mejor hacer proyectos propios con el dinero que tenemos y ser autónomos tomando nuestras decisiones, con criterios estrictamente profesionales.

V.I-¿Todos los proyectos se plantean desde la Fundación o aceptan propuestas externas en colaboración con otras instituciones, museos o curators?

M.F-Yo he recibido una herencia con una manera de proceder basada en la producción propia, una institución que no estaba aquí a la espera de que alguien viniera a plantearle proyectos, sino que salía a buscarlos. Es verdad que, cuando una necesidad es muy básica, el resultado es muy obvio. En el momento en el que la Fundación comienza a hacer exposiciones la situación era tal que en lo primero que se pensó fue en las grandes figuras de la historia del arte. Incluso en esos casos se asumía, se influía en el proyecto.

Con el paso del tiempo, nuestros proyectos se han generado aquí, exposiciones argumentales, exposiciones de tesis, narrativas. En un 95% de las ideas se generan aquí, obviamente de cada proyecto salen proyectos.

Es menos frecuente que un curator exterior nos presente su proyecto, por ese procedimiento de producción propia que nos define.

V.I-¿Cómo responde el público a sus propuestas en número de visitantes? ¿Cuál es el perfil de estos visitantes?

M.F-Obviamente hacemos los proyectos para nuestro público, que incluye a Gombrich, a un señor discapacitado, a una persona con muy poca formación, a un doctor en historia del arte, a un físico, a un ama de casa, procuramos no perder de vista que una exposición es un artefacto visual, que tiene que funcionar, que tiene que transmitir plausiblemente lo que presenta, que no puede ser excesivamente complejo, ni vulgarizador.

Primero, la entrada es gratuita, segundo; nosotros sabemos que a veces sabemos que hay proyectos que van a tener mucho público y otros que van a tener poco público, pero consideramos que si hay que hacerlo se hace. Compatibilizarlo propuestas más minoritarias con otras de mayor aceptación popular.

Tenemos un público fidelizado que viene prácticamente a todas las exposiciones de la Fundación y hemos ganado un público más joven, más abierto, a exposiciones más complejas o en las que se utilizan diferentes formatos

 V.I-De las exposiciones comisariadas por usted ¿Cuáles han sido sus proyectos más ambiciosos?

M.F-Esta casa ha tenido tradicionalmente como dos polos: la excelencia y la pasión. La excelencia nos viene dada por esta arquitectura jurídica de mecenazgo puro, lo que se hace se hace como  fin en sí mismo, eso permite concentrar todos los esfuerzos en que el resultado sea perfecto. Y en lo referente a la pasión, nos gusta lo que hacemos, nos parece que lo que hacemos tiene sentido, que aporta.

Por eso, todos han sido proyectos muy ambiciosos, y en algunos casos nos hemos complicado mucho la vida porque pensábamos que tenían que ser proyectos ambiciosos, por ponerte un ejemplo, en Cuenca y Palma hemos dedicado proyectos  a artistas de nuestros colección, investigado aspectos inéditos de su producción

Por poner un ejemplo de una exposición comisariada por mi yo diría Alexander Deineka, una vanguardia para el proletariado, tenía muchísimas dificultades, presentar una figura casi desconocida, presentarla en un ámbito sorprendente para el común de los mortales y de los historiadores del arte, en vez de presentarlo como la antivanguardia, era justamente presentar como había una dialéctica entre ambos mundos, el realismo socialista y la vanguardia rusa. Necesitaba préstamos complejísimos y heterogéneos, había que colgar un Malevich suprematista junto a una Defensa de Petrogrado de Deineka en menos de veinte metros. Había que dar en el catálogo un montón de referencias que en este país no se tenía. Todo ello tuvo una consecuencia muy importante, y es que nuestro argumento tiene interés a nivel internacional. Algunos catálogos se han independizado y que se han convertido en una referencia internacional. Esto es un síntoma de que el trabajo se está haciendo bien.

 

V.I-Siendo la Fundación poseedora de una importante colección de obra de vanguardia de artistas españoles ¿Existe la estrategia de promocionar o llevar estas colecciones fuera de nuestras fronteras?

M.F-Lo hemos hecho, La Fundación ha sido pionera en mover nuestras colecciones fuera de España, como por ejemplo las colecciones de obra gráfica de Picasso, de Goya, pequeñas exposiciones de arte contemporáneo han rodado por Europa durante muchos años y ahora hay instituciones públicas que se dedican explícitamente a eso.

Aunque tenemos proyectos, tenemos siempre la ilusión de que nuestros artistas se conozcan fuera, ahora mismo nuestra situación es de cooperación, cooperamos con instituciones internacionales, y poco a poco, cada vez más con españolas.

V.I-¿Qué papel ha ocupado y ocupa a su juicio la Fundación Juan March en el circuito del arte contemporáneo español? ¿Cuál es su principal aportación?

M.F-En los años 70 y 80, tuvo un papel de institución pionera, y le robo una expresión al director de la Fundación, cuando dice que en este país hubo una transición política, y ha habido también una transición estética, y el cambio en este país no se podría explicar sin la Fundación Juan March.

El papel de hoy toca a los prescriptores de este campo el juzgarlo, pero nuestra pretensión es no duplicar la oferta de lo que ya hacen bien otras instituciones y especializarnos en un modo de hacer exposiciones que quizás no sea muy corriente en el campo de las fundaciones, porque es la mejor manera de evolucionar. Es una aportación procedente de considerar las exposiciones resultado de lo que Panofsky en otro contexto llamaba investigación pública, y de la inversión que una institución como esta debe hacer.

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