Kandinsky, pinceladas hacia la abstracción

Por Silvia VÁZQUEZ @sil_svr

La mayor exposición celebrada en España de la obra de Kandinsky reúne en CentroCentro Cibeles un centenar de obras del artista en un amplio recorrido por su trayectoria artística y espiritual

El padre de la abstracción llega a Madrid del día 20 de octubre de 2015 al 28 de febrero de 2016 con una de las mayores exposiciones monográficas que se han hecho en España. La retrospectiva de Wassily Kandinsky (1866-1944) reúne en el Palacio de Cibeles más de cien pinturas y dibujos del artista en una muestra producida y organizada por CentroCentro, el Centro Pompidou de París y Arthemisa Group. Aproximadamente 150 años después del nacimiento del pintor, la exposición incluye los lienzos, acuarelas, grabados y fotografías de sus diferentes etapas, marcadas por las influencias artísticas del momento, los acontecimientos históricos y sus propias vivencias personales.

La muestra, comisariada por la historiadora del arte Angela Lampe, proviene de los ricos fondos del Centro Pompidou, que posee una de las colecciones más amplias de la obra del artista gracias a la donación que realizó Nina Kandinsky, viuda del pintor, cediendo al museo la mayor parte de su legado. “A pesar de todas sus facetas, para esta exposición queríamos presentar a Kandinsky como pintor, dejando a un lado otras artes, y el resultado ha sido una retrospectiva íntima” explica la comisaria.

La exposición se pudo ver en 2014 en el Palazzo Reale de Milán, y en Milwaukee y Nashville, en Estados Unidos, donde tuvo una gran acogida. Durante su primer mes de estancia en Madrid, la colección ya ha recibido más de 50.000 visitas, convirtiéndose así en “uno de los principales acontecimientos de la temporada” según el Ayuntamiento de la capital.

Kandinsky, Improvisación III, 1909

Improvisación III (1909)

La muestra, que se desarrolla en orden cronológico, aparece dividida en cuatro etapas a través de ocho salas en las que se repasan los periodos de la vida de Kandinsky. Desde sus comienzos en Múnich y el inicio de la pintura abstracta, hasta las últimas obras maestras en París, pasando por su regreso a Rusia durante la Primera Guerra Mundial y sus productivos años en la Bauhaus.

Después de abandonar su carrera universitaria en Derecho y Economía, el artista salió de Rusia a la edad de 30 años para seguir su verdadera vocación: el arte. Se trasladó a Múnich en el año 1896 para estudiar pintura con grandes maestros como Anton Azbé y Franz von Stuck, momento en que la ciudad dejaba atrás el simbolismo y se convertía poco a poco en la capital europea del Art Noveau, un movimiento que seguía el camino del arte a través de proyectos decorativos. En poco tiempo pasó de ser estudiante a pintor, fundando un pequeño grupo de artistas que querían romper con el arte tradicional. Tal como muestra el inicio de la exposición, Kandinsky empezó a crear obras tardoimpresionistas no demasiado novedosas, con pinceladas visibles y empastadas, como Schwabing (1901), y cuadros con escenas folclóricas inspirados en las historias populares germanas y en la vida arcaica del Imperio de su Rusia natal.

El artista viajó por Europa y Túnez acompañado de su amante alemana Gabriele Münter, y durante sus estancias en Murnau creó las primeras obras que se alejaban de lo figurativo, con colores vivos que pretendían sacar a la superficie lo más profundo de las cosas. En Improvisación III (1909) Kandinsky ya no intentaba reproducir la realidad y dio el primer paso hacia la abstracción. El punto de inflexión definitivo no llega sin embargo hasta 1911, cuando se embarca junto a Franz Marc en la aventura cultural del Jinete azul, un movimiento que unió a pintores con estilos muy diferentes dando lugar a la segunda etapa del Expresionismo.

Kandinsky, Schwabing. Sol de invierno, 1901

Schwabing, sol de invierno (1901)

Cuando estalla la Primera Guerra Mundial en 1914, Kandinsky se vio obligado a regresar a Moscú, dejando atrás sus obras y a su compañera alemana. Trabajó exclusivamente en papel durante más de un año, hasta que en 1916 regresó al arte con Pintura sobre fondo claro (1916), con pinceladas ligeras y bordes poco definidos. Después de casarse con la joven Nina Andreyevskaya, quien le acompañaría el resto de su vida, el artista volvió a la pintura figurativa. Su obra En gris (1919), una auténtica danza de formas y colores, es la incursión definitiva en el arte abstracto de Kandinsky, el cual gracias a su trabajo en la administración soviética consiguió un pasaporte para regresar a Alemania en 1921.

 

Debido al reconocimiento de su obra, Kandinsky fue invitado a dar clases en la Bauhaus, una prestigiosa escuela de arquitectura y arte en la que se centra la tercera parte de la exposición. Fueron años muy productivos, con la creación de más de 250 cuadros y 300 acuarelas, en los que dio inicio a un nuevo tipo de abstracción completamente geométrico, como muestra la carpeta Pequeños mundos (1922). La influencia de Paul Klein durante esa época queda patente en obras como Vacío verde (1930) y, muy especialmente, en su segundo tratado escrito “Punto y línea sobre plano” (1926).

Kandinsky, Sobre el blanco II, 1923

Sobre el blanco II (1923)

Los títulos de sus cuadros ponen de manifiesto la relación entre colores y formas, entre las que destaca Amarillo, rojo y azul (1925), una de sus grandes composiciones y la obra más representativa de la exposición. El análisis de los colores primarios era fundamental para Kandinsky, de forma que el círculo azul se convirtió en un símbolo identificativo tan importante como el jinete azul de sus inicios, el cual llegó a reaparecer con formas geométricas en esta etapa. El cierre de la Bauhaus en 1933 a causa de la presión del régimen nazi hizo que el artista se trasladara a Francia.

Kandinsky, Amarillo, rojo, azul, 1925

Amarillo, rojo, azul (1925)

La muestra finaliza con sus creaciones en París, capital mundial del arte en ese momento y última patria de Kandinsky, que se consideraba a sí mismo un ciudadano del mundo con raíces rusas. Su búsqueda de tranquilidad le llevó hasta un apartamento en Neuilly-sur-Seine con vistas al Sena, que le inspiró profundamente. Este episodio se caracteriza por la suavización de su paleta de colores, a la que incorporó los tonos pastel tal como muestra en Composición IX (1936). La influencia de los surrealistas Jean Arp y Joan Miró, y su deseo de escapar de la angustia de la Segunda Guerra Mundial, hicieron que en sus obras abundaran las formas orgánicas y biomórficas como en Cielo Azul (1940). Sumergido en su propio microcosmos, Kandinsky murió el 13 de diciembre de 1944 sin ver el final de la guerra.

Kandinsky, Cielo azul, 1940

Cielo azul (1940)

 

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